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Fernando Iglesias: “Al mismo tiempo que llaman a la unidad nacional se la pasan haciendo declaraciones ofensivas contra la oposición y descartando culpas, que es lo único que saben hacer bien”

En diálogo con nuestro portal, el Diputado Nacional Fernando Iglesias criticó con dureza la falta de rumbo del gobierno nacional en materia económica. Manifestó que la cuarentena es un recurso que se está agotando porque “ni la gente ni la economía dan más”. También se refirió al ajuste del haber jubilatorio y comentó lo sucedido en las primeras sesiones virtuales del Congreso. Finalmente, destacó que la oposición unida en Juntos por el Cambio tiene que convencer a la ciudadanía de que es una alternativa de gobierno competitiva.

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En declaraciones televisivas usted afirmó que “el gobierno nacional no está manejando bien la pandemia”. ¿Podría decirnos qué dificultades ve?

Creo que el gobierno nacional está manejando mal la pandemia en casi todos los aspectos. Para empezar, no existe un ningún plan económico suficiente ni me parece que tengan una dimensión de la enorme crisis económica que está provocando; mucho mayor a la que sufren otros países y que va a tener consecuencias en todos los aspectos tanto o más graves que la pandemia.

Además, ha cometido errores garrafales. Al no controlar Ezeiza desde enero – como pedía el ex embajador en China Diego Guelar – permitió que entraran más de veinte mil personas procedentes de China sin ningún tipo de restricción. Misma situación ocurrió cuando se desató la pandemia en España e Italia.

Por otra parte, no declararon servicios esenciales a los bancos y por la tanto tuvimos el episodio lamentable de las colas que tuvo pocos días el correlato en la suba de los contagios. Ni hablar los casos de corrupción en las compras realizadas directamente con la excusa de la pandemia o en la concentración del poder y el avasallamiento de libertades individuales que permanentemente hace el gobierno.

Por todos estos motivos me resulta difícil encontrar un solo punto donde la Casa Rosada evidencie que esté haciendo una gestión razonable de la cuarentena, la cual nos tiraron siendo más larga y estricta que países del primer mundo en un país con una economía del tercer mundo. Esto no es gratis. Ahora no tenemos testeos para salir como no tuvimos testeos para entrar. Todo es de una aproximación hacia una falta de precisión y una improvisación muy notable.

¿Cree que el gobierno se enamoró de la cuarentena?

No sé si se enamoró, pero lo cierto es que nos metió en una cuarentena muy estricta y de forma muy rápida sin demasiados datos objetivos porque no teníamos testeos.

Pasamos de escuchar decir al Ministro de Salud – Ginés González García – que no iba a pasar nada y que el problema no existía y de repente estamos en una cuarentena que es la más larga del mundo. Con un Ministro de Educación – Nicolás Trotta – que una semana antes al inicio del aislamiento quería seguir con las clases y un Presidente que decía que había que tomar bebidas calientes y tenía que seguir el fútbol apoyando a Marcelo Tinelli.

Ahora no saben cómo salir. Viene el invierno y la curva está subiendo de a poco. Gastaron casi todo el recurso escaso que es la cuarentena porque ni la gente ni la economía dan más.

¿Qué piensa sobre las declaraciones del Ministro de Salud bonaerense – Daniel Gollán – culpabilizando a Rodrigruez Larreta por la flexibilización de la cuarentana?

Fueron declaraciones oportunistas y de una irresponsabilidad absoluta.  Al mismo tiempo que llaman a la unidad nacional se la pasan haciendo declaraciones ofensivas contra la oposición y descartando culpas, que es lo único que saben hacer bien.

Porque acá parece que si vamos al default la culpa la tuvo Macri. Si estamos en la recesión más grande de la historia la culpa la tuvo la pandemia y si hay muertos la culpa la tiene Larreta o los que pidieron la flexibilización.

Me parece todo una locura de gente que cuando estaba en la oposición llamaba a prender fuego al gobierno. Que jugaron cuatro años al club del helicóptero y que el año pasado querían convencer a sus votantes que se venía el corralito y que había que salir corriendo a sacar la plata de los bancos. Yo no me olvido de todo eso.

¿Qué reflexión hace sobre el ajuste al haber jubilatorio?

Sobre las jubilaciones hay poco que agregar. En 2017 nos tiraron catorce millones de piedras, agrediendo al presidente de la cámara y produciendo un levantamiento de sesiones regulares porque tenían que defender a los pobres abuelitos y ahora resulta ser que esa ley que nosotros sancionamos protegió a los jubilados, les dio mejores resultados que la fórmula anterior que había puesto el kirchnerismo y la sacaron, las suspendieron y están dando aumento por decreto. El último es la mitad de lo que les hubiese correspondido. Todo esto es una vergüenza, teniendo en cuenta que el primer día de gobierno el presidente había anunciado un aumento del 20% de los haberes jubilatorios y desde ahí aplicó un ajuste en el sentido exactamente contrario.

La semana pasada el Congreso Nacional volvió a sesionar luego de un extenso parate. ¿Cómo fue la primera reunión virtual en Diputados?

Las sesiones virtuales o mixtas que estamos teniendo en Diputados han sido impuestas desde el oficialismo. Fue el presidente de la Cámara, Sergio Massa, quien había decidido suspender las actividades. En un principio, al bloque de Juntos por el Cambio le pareció razonable darle esa chance por un par de semanas a los fines de reorganización y para asegurar la cuestión sanitaria sobre todo de los trabajadores de la Cámara. Pero después se transformó en dos meses de parate absoluto.

Así es que nuestro bloque sigue planteando que una verdadera sesión debe ser presencial y estamos dispuestos a estar, como están los médicos, enfermeros, polícias o cajeros de supermercado que están trabajando.  Nosotros también debemos estar trabajando.

La dificultad es que el oficialismo, con mayoría, tiene la postura de sesiones virtuales o nada. En consecuencia, aceptamos por un mes, de modo provisorio, esta modalidad de sesionar limitada, que no permite el debate, ni discutan leyes complicadas porque es imposible garantizar la precisión de la votación. Ya en la última sesión hubo claros desacuerdos debido a que una diputada manifestó su voto presente, muy claro, y como no estaba bien logeada no le contaron el voto. Este hecho, en una ley que se decide por pocos votos, puede ser motivo de impugnación. Así que lo que hay no es un congreso verdadero sino un simulacro que esperamos que termine pronto y vayamos a lo que tiene que ser, que son las sesiones presenciales.

Por último, ¿cómo ve el rol de la oposición y qué estrategias cree conveniente tanto para el 2021 como para el 2023?

No creo en una única estrategia ni tampoco en estar pensando en el 2021 o 2023. Eso se va a dar de manera natural si se logra encarnar primero a la oposición, mostrando que efectivamente hay una alternativa de gobierno. Unidos como oposición. No sirve unidos como especie de cogobierno de este lamentable gobierno kirchnerista, sino como oposición que es para lo que la gente nos votó.

¿Qué aspectos positivos tendría que resaltar JxC según su criterio?

JxC es una alternativa de gobierno. Sacó el 41 % a pesar de venir de dos años con una mala situación económica que impactó en el bolsillo. A pesar de ello la gente nos votó porque vio que estábamos encarnando un cambio posible. El gobierno de Macri dejó un país mucho más gestionable digan lo que digan, mientan lo que mientan. Se dejó un déficit fiscal que era la décima parte de lo que nos habían dejado. Pasamos de déficit a superhábit comercial, de déficit energético a equilibrio. Pasamos de un cambio atrasado a uno razonable.

A su vez, desactivamos la bomba de tiempo macroeconómica que nos habían dejado. Y no es cierto lo de la deuda. Es impagable porque el riesgo país está en 3000 puntos cuando en las últimas PASO estaba en 871, lo que permitía renegociar la deuda a 8% y por lo tanto pagar solamente los intereses y no el capital. Apenas asumió Alberto el riesgo país se fue a 1957 y ahora ronda los 3000. Eso hace imposible refinanciar nada y nos lleva a una situación de enorme estrés desde el punto de vista de la sustentabilidad de la deuda.

Por último, cuando el FMI dice que la deuda es insustentable lo dice en este gobierno. Durante la gestión de Cambiemos decía que la deuda argentina aún con dificultades, era sustentable. Así que creo que este gobierno está haciendo un desastre en una situación complicada y la gente va a necesitar tener alguna referencia política para el futuro y eso es lo que tenemos que hacer: estar a la altura de esa exigencia y de las circunstancias.

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Tonelli: “Lo ideal sería una combinación de cuarentenas específicas y reactivación económica. Pero ahí falta un gran supuesto: un Estado inteligente”

Dialogamos con el reconocido politólogo, docente y analista político Luis Tonelli. Cuarentena, acción política oficialista y opositora – con su génetica particular – fueron algunos de los temas tratados. «La situación crítica obliga a la oposición a cooperar. Los que tienen responsabilidades de gobiernos como gobernadores e intendentes son los que más dificultades tienen para hacer oposición del gobierno.»

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¿El gobierno nacional se “enamoró de la cuarentena”?

Goethe tiene una novela sobre el amor que se llama “Las elecciones electivas”…Digamos que entre crisis y peronismo siempre hubo una atracción innegable. El peronismo asumió a partir de 1983 siempre después de una crisis (1989, 2001), y ahora que había habido un traspaso normal, aparece el coronavirus para reclamar ante esa amenaza tremenda, superpoderes, y gobernar por decreto.

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¿Cómo ve el manejo de la pandemia en comparación con el accionar de otros países?

Pese a que la ciencia nos permite comunicarnos por zoom, mandar satélites para averiguar si hay vida extraterrestre, y hacer que mi nieta deje a sus padres pelearse tranquilos durante la cena, gracias a que ella juega con el celular, no ha encontrado todavía y se hace funcionar los modelos sin datos fehacientes. El arma a la postre más efectiva, la cuarentena total, es del medioevo y nos lleva a las cavernas, dado que destroza a la economía. Lo ideal sería una combinación de cuarentenas específicas y reactivación económica. Pero ahí falta un gran supuesto: un Estado inteligente.

¿Está de acuerdo en sostener que el gobierno nacional actúa de modo autoritario?

Con todo el respeto y admiración por los “compañeros”, que se caracterizan por su audacia, el peronismo tiene un ADN verticalista y decisionista, y ahí, la genética lo explica, ya que su fundador fue un militar y fue creado desde el Estado. Apenas puede, el peronismo despliega su carácter, y esta situación de emergencia es su ambiente natural. Como decía el gran jurista Carl Shmitt, compañero de ruta del nazismo “Soberano es quien impone el Estado de Excepción”.

¿El cacerolazo de la semana pasada significa un llamado de atención o refleja solo la mirada de un sector ya constituido como contrario al gobierno?

Las dos cosas. Alberto Fernandez está de suerte últimamente: fue ungido candidato y ganó las elecciones, cuando él personalmente no tenía ni un digito de intención de voto. La pandemia y los éxitos iniciales le sirvieron para alcanzar índices de popularidad soñados. Pero estos índices se dan al inicio de un proceso dramático, que es inédito hasta para Argentina, que ha vivido muchos dramas. Hay una contradicción fáctica entre “cuarentena, economía y libertades”. Ojala me equivoque, pero esta popularidad puede serle cobrada muy duramente a futuro. Y ese cacerolazo es una pequeña factura inicial. Ahora, si el Presidente tiene éxito, la avenida 9 de Julio deberá ser rebautizada Alberto Fernandez.

¿Cómo ve el desempeño de Horacio Rodríguez Larreta? ¿Es una construcción de liderazgo similar a Alberto o ve diferencias?

Ambos tienen en común que son políticos más de gestión que de liderazgo (aunque el Presidente es más un “gestor” de expedientes y Rodriguez Larreta un gestionador de materiales). Se sienten cómodos con un Jefe. Alberto Fernández parecía el jefe de Gabinete de su vicepresidente, y ahora ha sumado un nuevo grupo en el cual referenciarse: sus “infectólogos” amigos, con lo cual legitima hasta reordenar las partidas presupuestarias a piacere.  Por su parte, el Jefe de Gobierno porteño pudo resistir el vendaval de la derrota electoral, que afectó a Macri y a Vidal, desde su bastión de la ciudad. Pero le resulta difícil e incómodo constituirse como opositor. Si quiere aspirar a la presidencia por sus propias capacidades, con ser buen gestor simplemente no alcanza.

Para finalizar, ¿cómo analiza el rol de la oposición?

Así como el peronismo es un fenómeno paraestatal (nació para el Estado) el radicalismo es un fenómeno societista (por algo usa una Unión Cívica). La idiosincrasia del PRO es más ambigua. Se referencia en la G.E.N.T.E. pero como clientela de los productos que ofrece la gerencia con un esquema verticalistas. Dicho esto, por representación o por marketing, ambos dependen de la evolución de la opinión pública. Con semejante niveles de aprobación presidencial, la oposición se siente muy incómoda, y eso también impide que se diriman los liderazgos, que han quedado cuestionados por la derrota electoral. Los venezolanos tienen una frase “te agarro en la bajadita”, y me parece que la oposición está empezando hacer pie en el descontento incipiente.

Entre la posición de la poca crítica por la buena imagen presidencial o la de estar atenta remarcando las críticas, ¿con cuál se queda?

La situación crítica obliga a la oposición a cooperar. Los que tienen responsabilidades de gobiernos como gobernadores e intendentes son los que más dificultades tienen para hacer oposición del gobierno. Creo que la oposición tiene que aprovechar este impasse para elaborar propuestas concretas para 1) luchar contra la pandemia; 2) salir de la cuarentena; 3) resucitar la vida económica y 4) establecer una red de contención social efectiva. Y así funcionar como una suerte de shadow cabinet, como en el gobierno británico. Por otro lado, tiene que ser totalmente intransigente con los que son sus valores de libertad individual y colectiva, respeto por las instituciones, búsqueda del consenso y austeridad y probidad.

Lo frio, lo tibio y lo caliente viene dado por las características personales de sus integrantes. Y ahí hay de todo como estante de hipermercado antes de la cuarentena.

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La culpa no es de “ellos”… que se quemen los “otros”

Por Luis Pico

Todos tienen la culpa… menos ellos.

A los presos no los liberaron ni el Presidente, ni los ministros, ni sus allegados: lo hicieron los jueces, los fiscales, algún funcionario quisquilloso del sistema penitenciario.

A la gente tampoco la mantienen encerrada ellos. Ni siquiera porque la posibilidad de que pudieran salir a las calles la ventilara Alberto Fernández. “Una hora al día y a 500 metros de casa”, ofreció en un mensaje grabado, por lo que no fue víctima de un momento de iluminación en vivo al momento de su discurso. Eso sí, que la luz verde la terminen por dar otros, dícese los gobernadores o el jefe de gobierno porteño. Total, así el que está fastidiado del encierro no “apunta” al Presidente sino a sus autoridades locales, que también serían las responsables por un brote si los mortales, los inocentes que están encerrados en sus casas, salen a pasear.

equipo alberto

Si el desempleo se dispara no dirán que hubo falta de incentivos ni ayudas. Ante las empresas que cierren, quiebren o reduzcan personal, el dardo irá dirigido a los empresarios, a esos que “prefirieron” guardarse los billetes en lugar de “apostar por la Argentina al día siguiente”. Culpa de quienes despachan desde Olivos no habrá sido. Al menos no lo dirán públicamente. No. Mejor decir que bajaron fondos, que ofrecieron créditos a quienes el paso del tiempo les comió los ahorros para poder pagar sueldos, impuestos y servicios. Algunas obligaciones se postergaron, sí, pero eso no quiere decir que más adelante deban asumirse. Y con crédito o sin él, la bola de nieve crece cada semana, amenazante con arrastrar miles de empresas, pymes, emprendimientos y puestos de trabajo a su paso.

Simultáneamente, si los precios suben, si el dólar sigue disparándose, siempre tendrán la excusa de que el gobierno anterior les dejó “tierra arrasada”, cuando se supone que quienes toman el poder en tiempos de crisis lo hacen porque, precisamente, están al tanto de los problemas que tienen que resolver luego de que la gente los votó en las urnas.

¿No les parece suficiente el “esfuerzo” que “hacen” desde Casa Rosada ante semejante crisis? En caso de que la respuesta sea no, también se puede apuntar hacia los demás, como contra los chetos que “trajeron” el coronavirus y terminaron de echar todo por el precipicio.

No todo lo que pasa, en efecto, es culpa del Presidente, así como la Argentina no es el único país afectado por la crisis del coronavirus, que es global. Pero de ahí a no admitir –como únicamente se hizo cuando los jubilados colapsaron las calles– casi nunca, los errores, pasándole siempre la patata caliente al otro, se entra en un juego peligroso. No está bien. Menos cuando se tiene el poder del Gobierno, del Estado, que no son poca cosa.

La oposición no maneja las cárceles ni se sienta con los presos; los gobernadores no pueden, por sí solos, asumir el costo político que supone autorizar a mies, millones de personas, a que salgan a la calle sin saber cómo pudiera reaccionar un gentío tras tanto confinamiento, o si los casos se multiplican y colapsan el sistema sanitario. La Justicia, ahora tildada de completamente independiente mientras un grupito la acusa de tener presos políticos, deja al descubierto otra enorme contradicción. ¿Van a insistir entonces en que solo emiten y firman DNU y poco más?

Errores comete cualquiera. Pero alguien debe asumir el –altísimo– costo político de las medidas que provocaron la molestia que se manifestó en los cacerolazos, por la incertidumbre de si seguir o no la cuarentena y cómo levantarla, de liberar presos, y de la Argentina postcoronavirus.

Decidir haciéndose el distraído, pasarle la patata caliente al otro para que se queme, es querer pasarse de listos. Negar los errores, maquillarlos, es pasarse de listos. Y eso la gente, que no es tonta y está observándolos, lo nota aunque algunos no lo noten.

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