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Apoyar autoritarismos nos aísla del mundo desarrollado

Por Nicolás Cereijo

Daniel Capitanich, embajador argentino, saluda a Daniel Ortega en el acto de asunción al que también asistió un acusado por el atentado contra la AMIA
Daniel Capitanich, embajador argentino, saluda a Daniel Ortega. Gentileza Diario La Nación.

La presencia del Embajador Argentino, Daniel Capitanich, en la reasunción presidencial de Daniel Ortega es una ofensa a los derechos humanos. Pero la situación se agrava más debido a la presencia en dicho acto de Mohsen Rezai, funcionario del régimen iraní buscado por Interpol por su participación, como presunto autor intelectual, en el atentado terrorista a la AMIA, que dejó como saldo 85 muertos y varios centenares de heridos.

Un mancha más de un gobierno que no se cansa de hacer papelones en materia internacional.

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¿Qué consecuencias le puede traer el país? Profundiza la incertidumbre y desconfianza. Un país con una economía extremadamente débil, con la inflación galopante y con índices socioeconómicos preocupantes debería buscar puentes, alternativas para salir paulatinamente del pozo.

Y una de las alternativas fundamentales es acercarse a los mercados desarrollados, aquellos países que podrían ayudar a que se recupere la confianza. Esto exige tener estrategia internacional.

En Relaciones Internacionales uno de los enfoques teóricos más importante es el realismo, el cual, a modo extremadamente sintético, piensa a cada Estado en función de su poder real y en base a ello recomienda su accionar con otros países.

Vale decir que Argentina se encuentra en un lugar geopolítico poco atractivo y, afortunadamente, sin peligro de conflictos bélicos. Esto que debería ser motivo de festejo, lamentablemente no lo es al ser un país rico en materia prima y producción de alimentos, pero hundido en la pobreza.

En línea con el “realismo periférico” que planteara el intelectual Carlos Escudé en los años 90, Argentina debería entender su lugar en el mundo y pensar desarrollar en el mediano y largo plazo con los actores que puedan ayudar a hacerlo. En otras palabras, soy consciente que soy bueno con las manos y no tan habilidoso: por lo tanto juego de arquero y no de 10 en mi equipo. O sea, no sacar lo pies de nuestros zapatos.


Pero, el barco populista donde está sumergido este gobierno se basa en un relato sobre un deber ser “progresista” que lo conduce a todos los destinos autoritarios que tiene el mundo. Rusia, China, Venezuela, Cuba y ahora Nicaragua.


El país centroamericano registra más de 30 dirigentes opositores presos sin causa justa. Tal es así que en un informe demoledor presentado por la ONU en 2018 se lo acusa al régimen de cometer violaciones generalizadas de los derechos humanos, incluyendo arrestos arbitrarios de manifestantes por parte de las huestes armadas bajo órdenes de Ortega.

«Algunas de estas personas detenidas de forma arbitraría fueron luego violadas y torturadas bajo custodia. El documento alertaba, además, del uso desproporcionado de la fuerza y de ejecuciones extrajudiciales por parte de la policía, desapariciones, detenciones arbitrarias generalizadas e instancias de tortura y violencia sexual en centros de detención», concluye el informe.

¿A dónde vamos? Usted, como lector, sabrá sacar sus propias conclusiones…