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“Hoy un planero está en 70 mil pesos, más que un docente”, la filosa crítica del secretario general del Sindicato de Educadores Argentinos

(Nota gentileza de Radio Mitre)

Facundo Lancioni Kaprow

En Radio Mitre, Eduardo Feinmann dialogó con Facundo Lancioni Kaprow, secretario general de Sindicato de Educadores Argentinos (SEDUCA), tras el informe publicado por el gremio sobre los días de clases perdidos desde el regreso de la democracia en la Argentina.

En la mañana de Radio MitreEduardo Feinmann dialogó con Facundo Lancioni Kaprow, secretario general de Sindicato de Educadores Argentinos (SEDUCA), tras el informe publicado por el gremio sobre los días de clases perdidos desde el regreso de la democracia en la Argentina.

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En las últimas horas se conocieron los datos del informe realizado por el gremio SEDUCA, donde se señala que desde el retorno de la democracia, en 1983, en Argentina hubo 1092 días en los que al menos una provincia se vio afectada por un paro docente.


En ciclos lectivos que, en general no alcanzan los 180 días de clase obligatorios, hay una pérdida promedio de 24 jornadas escolares por año en todo el país.


Este sindicato contabilizó a través de noticias, observatorios municipales, provinciales y, principalmente, fuentes docentes, la cantidad de huelgas por provincia.

Lancioni Kaprow destacó la gravedad que está atravesando el sistema educativo y señaló: “Es consecuencia de la falopa educativa que dejó el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires principalmente de la mano de Baradel”.

“Tenemos que empezar a cambiar esta situación, porque hoy tenemos siete de cada diez chicos pobres. Tenemos docentes pobres. Los paros destruyeron al sistema educativo y al salario docente. Fuimos el único sindicato docente que apoyó la presencialidad. Nos tildaron de asesinos”, agregó el gremialista.

A su vez, criticó con dureza a Roberto Baradel, secretario general de Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (SUTEBA): “Es el brazo político del kirchnerismo que tiene como fin destruir la educación. Hoy un planero está en 70 mil pesos, más que un docente”.

“Nosotros nucleamos a docentes de todas las áreas y niveles de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires. Estamos luchando con las castas sindical que están enquistadas”, cerró Facundo Lancioni Kaprow.

Nuevamente Milei atacando a la educación pública

Por Nicolás Cereijo

El Diputado Javier Milei, amante del libertinaje risueño, propuso implementar un “sistema de vouchers” para la educación pública con el objetivo de que los ciudadanos puedan elegir dónde estudiar.

Ubicado a las antípodas del liberalismo argentino decimonónica que supo ser pionero en la educación público, este personaje payasezco, en nombre de un supuesto liberalismo (claramente libertinaje) lo único que pareciera conseguir es fama mediática. Se nota demasiado.

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Afortunadamente sus dichos fueron prontamente confrontados por el actual vicejefe de gobierno porteño, Emmanuel Ferrario, quien publicó un conjunto de twits contundentes, de los cuales destaco:

“El principal problema del debate “Educación pública: ¿sí o no?” es que viene de un preconcepto errado de que la gente elige la escuela pública como última opción. Desde la Ciudad, siempre trabajamos para que los colegios públicos igualen oportunidades y no que profundicen grietas.”

Es muy importante que desde una gestión como la del Gobierno de la Ciudad, que apuesta a una educación pública y de calidad, se tome posición frente a estos avances.

Simplemente porque en un época de crisis y desencanto, estas ideas payasescas pueden tomar formar peligrosa y dinamitar lo bueno que tenemos.

¿De quién es la educación pública?

Por Leonardo Pierucci

Javier Boher archivos - Página 66 de 67 - Diario Alfil
Gentileza diarioalfil.com.ar

En diciembre de 1999 y con el masivo disgusto de parte de su propia fuerza política, Fernando de la Rúa designaba  a Juan Llach como Ministro de Educación de la Nación. ¿Cuál era el origen de ese rechazo profundo? Que el flamante ministro proponía llevar la educación a un sistema de vouchers y escuelas charters con el objetivo de focalizar el presupuesto educativo, subsidiar la demanda, democratizar el acceso y elección de las familias y dotar de mayor autonomía a cada institución.

En medio de las masivas críticas de propios y ajenos, muchos docentes de aquellos años veíamos en Llach al ejecutor de un peligroso modelo que iba a generar mayor desigualdad en las escuelas, menor capacitación docente, fuerte empeoramiento de la calidad educativa y un deterioro progresivo en la intelectualidad de la formación superior y universitaria apoyados en nuestra creencia de que, sin el estado omnipresente de por medio, todo podría ser peor.

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Más aun creció nuestra preocupación cuando el flamante ministro anunció que, paralelamente al ingreso de Argentina a las pruebas PISA, se iba a crear el Instituto Nacional de Calidad Educativa. –¿Qué es la calidad educativa?–  Nos preguntábamos socarronamente. Pregunta tan pero tan difícil que, diecinueve años después, y gracias a una conversación con Paulina Araneda (por entonces Presidente del Consejo de Calidad Educativa de Chile) le encontré una respuesta rápida y concreta en un minuto y medio.

Juan Llach renunció a diez meses de haber asumido, su proyecto cayó al precipicio y todo lo que nosotros imaginábamos que iba a pasar si se ejecutaba su revolucionario plan, sucedió peor aun con la escuela pública cooptada y tutelada por la burocracia gremial y estatal.

Cinco años después, el anuncio de la Ley de Financiamiento Educativo propiciada por los gremios docentes iba a duplicar el presupuesto para las escuelas con la finalidad de mejorar la educación. Al poco tiempo, nos dimos cuenta que el problema no es cuanto se gasta sino cómo y en qué, porque si le quitamos a cada escuela la posibilidad de elegir gastar en lo que precisa (en vez de que el Estado lo haga) es muy difícil que ese aumento de presupuesto tenga impacto en las trayectorias de los alumnos y en la calidad de la enseñanza.

Los aceptables resultados de aquellas primeras pruebas PISA del año 2000 fueron empeorando hasta la expulsión en 2016 cuando la OCDE demostró científicamente que, el año anterior, el gobierno de Cristina Kirchner había hecho trampa para mejorar los números del país que, de por sí, igualmente eran bochornosos.

La situación fue denigrante por donde se la mire, las tapas de los diarios daban cuenta del “papelon argentino” y CTERA acusaba de la “infamia” a Macri, al poder económico internacional  y a los medios hegemónicos.

Las escuelas precisan autonomía. Autonomía financiera para decidir los gastos con un presupuesto estatal que subsidie la demanda y no la oferta, autonomía pedagógica para adaptar su propuesta a las necesidades del entorno con una moderada a leve intervención de entes centralizados y autonomía progresiva de un estado que si no puede administrar exitosamente una estrategia de testeos y vacunación menos aun va a poder con la inmensidad del sistema educativo.

¿De quién es la escuela pública? ¿Quiénes fueron los conservadores en materia educativa en los últimos 20 años? ¿No es acaso la escuela quien nos enseño a todos que si algo sale mal hay que buscar maneras distintas de resolverlo?

De 2003 a la fecha, el éxodo de alumnos de escuelas públicas hacia las privadas en la Provincia de Buenos Aires fue masivo y notorio. ¿Tiene sentido seguir blindando un sistema fracasado que daña la vida futura individual y colectiva de los argentinos solo por un capricho ideológico de cabotaje?

Juan Llach tenía razón y nosotros no teníamos ni la menor idea.

¿A quién le importa la escuela pública?

Por Leonardo Pierucci*

El 8 de julio de 1884 el presidente Julio Argentino Roca promulgaba la ley 1420, que establecía la escuela laica, gratuita y obligatoria e iba a constituirse en el acto más progresista y revolucionario de la historia de la educación argentina. Inclusión para los hijos de inmigrantes, movilidad social ascendente, gratuidad.

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El discurso era hermoso, pero los hechos fueron todavía mejores. Todos a la escuela a aprender y a intentar ser mejores que sus propios padres. Aquella fue una generación que consideraba la educación un pilar fundamental del desarrollo individual y colectivo. Políticos, docentes y padres arriba del mismo tranvía.

Hoy, a 137 años de aquel episodio, ¿a quién le importa la escuela pública?

A partir de 2005, la Ley de Financiamiento Educativo duplicó las asignaciones presupuestarias para educación. El resultado en los diez años siguientes fue un escandaloso empeoramiento de los indicadores de calidad educativa y terminalidad de niveles. ¿Es importante gastar más o el debate debe centrase en cómo y en que se gasta? ¿Se podrá debatir también quien debe seleccionar esos gastos? ¿A quién le importa?

Las pruebas APRENDER, criticadas hasta el cansancio por los gremios y la oposición al presidente Macri, trajeron luz sobre indicadores de enseñanza y aprendizaje, clima institucional y convivencia. Por aparente pedido de los gremios, la primera medida de la gestión siguiente fue sacarlas de circulación. ¿A quién le importa?

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Plan de robótica en jardines de infantes.

Paso casi desapercibido el plan de robótica de la gestión de la Gobernadora Vidal que incluía además el reparto de kit de netbooks para uso dentro de cada escuela y provisión de conexión a internet a la mayoría de las escuelas de la Provincia. ¿No son herramientas claves? ¿A quién le importa?

En el Conurbano Bonaerense, el 80% de los chicos provenientes de hogares pobres no termina la secundaria y, por ende, no accede a la Universidad. Muchos de los que pueden terminarla, no llegan con las herramientas básicas para cursar con éxito ese nivel superior. La desigualdad entre educación pública y privada está en su peor momento histórico. Si lo digo públicamente, me disparan al pecho los mismos que miran pasivamente esta triste realidad.  Es preferible matar al cartero y enredarse en una disputa ideológica que leer la carta por fiera que sea. Entonces, ¿a quién le importa?

En la Provincia de Buenos Aires, la capacitación docente está invadida por empresas que venden cursos privados en los que no se evalúa ni forma a nadie. Muchos docentes, en vez de capacitarse, compran puntos para mejorar su orden en el listado. Una minoría, en cambio, adhiere a las capacitaciones gratuitas de los CIIEs donde se aprende, además de sumar puntos. Pese al importante aumento en la oferta de cursos gratuitos de los CIIEs durante el mandato de Vidal, lo cierto es que ningún gobierno provincial ha logrado desmantelar a estas bandas que reproducen la falta de preparación de muchos docentes ¿No quieren, no pueden o no les interesa? ¿A quién le importa?

El Programa “Escuelas Promotoras” de Nivel Secundario llevado adelante por la gestión Vidal arrojó importantes mejoras comparativas de estadísticas de aprendizaje y de promoción. Trabajo por proyecto, formación de equipos, incorporación de las TICS, evaluación colegiada son estrategias que hoy se implementan en todo el mundo. La gestión actual promueve la desaparición de la propuesta como si sus efectos hubiesen sido negativos. Los gremios coinciden. Los docentes miran para otro lado. ¿A quién le importa?

Esta tragedia pedagógica que implicó la decisión política de cerrar las escuelas durante un año entero nos puso arriba de la mesa, al menos, tres falencias que son denominador común en los colegios: la comunicación, el trabajo en equipo y uso de la tecnología.

Necesitamos con urgencia debatir si nos interesa la escuela pública y si estamos dispuestos a hacer los esfuerzos necesarios para iniciar el camino de su reconstrucción y así devolverle su brillo y protagonismo fundacional. Estadística como insumo, focalización de gastos, incorporación de la tecnología, capacitación docente con aprendizaje, trabajo en equipo.

La profesionalización de nuestra labor docente no se agota en el mejoramiento de las condiciones salariales. Lo dicen los hechos, sagrados ellos. Busquemos respuestas en la almohada, ese juez inapelable donde apoyamos la cabeza cada noche y le confiamos lo que nos va dictando nuestra conciencia.


*El autor es abogado y docente.