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Los docentes no son todos kirchneristas

Facundo Lancioni Kaprow

El ratio de alumnos no cambiará en Euskadi | Radio Bilbao | Cadena SER

A medida que pasan los días nos acercamos a un nuevo comienzo del ciclo lectivo. Uno que debiera ser muy distinto a los últimos dos, que estuvieron signados por la falta de presencialidad y las escuelas cerradas. Ante esto, se abre el mismo interrogante que azota a nuestra sociedad hace años: ¿Comienzan las clases en tiempo y forma?

En la Ciudad de Buenos Aires, el 21 de febrero los chicos deberán reencontrarse con los docentes en las aulas. En la Provincia de Buenos Aires, lo harán algunos días más tarde: el 2 de marzo. En ambos casos, como en todo el país, con el enorme desafío de llegar a los 190 días de ciclo lectivo que estableció el Consejo Federal de Educación. Casi una hazaña en los tiempos que corren.

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Muy a pesar de la imperiosa necesidad que atraviesa nuestro país, sometido a un espiral de pobreza del cual cada vez cuesta más salir, al poner la lupa sobre el motivo concreto por el cual no podemos alcanzar metas tan simples en materia educativa, hay una respuesta que es contundente: los paros docentes.

Facundo Lancioni Kaprow

Ya la sociedad lo sabe, y está acostumbrada. Unos días antes del (supuesto) comienzo del ciclo lectivo, una mesa amplia conformada por los mismos personajes de siempre anuncian lo que todos ya sabemos: que no están dadas las condiciones, que falta actualizar los salarios y que, por todo esto -por supuesto-, no comienzan las clases.

Ahora, si las figuritas se repiten, ¿qué nos falta para cambiarlo? Ante esto, creo que es necesario empezar por hacernos las preguntas correctas, para encontrar las soluciones adecuadas.

Este 2022, podríamos empezar por plantearnos si los docentes dejarán las aulas vacías respondiendo a las decisiones de los gremios docentes que comulgan abiertamente con el kirchnerismo, o estarán en las aulas garantizando el derecho a la educación de los chicos. O dicho de otra manera, si los docentes de buena voluntad podrán seguirán su vocación al ponerse al frente de una clase en la fecha señalada o seguirán siendo víctimas de las medidas de los representantes kirchneristas del sector.

El interrogante pasa por saber si un puñado de delegados, alineados políticamente con el gobierno de turno, va a poner sus intereses personales -porque, seamos honestos, nada bueno salió nunca de una escuela bloqueada- por sobre la enorme mayoría de docentes que quieren estar en las aulas con los chicos, y representan la verdadera vocación docente.

Cuando hablamos de valorar el rol docente, también hablamos de empoderarlo. Los docentes en las escuelas enseñamos, formamos, creamos un vínculo con los alumnos que no se crea en ningún otro espacio que no sea un aula.

La sociedad necesita volver a creer que somos la mayoría, porque sólo trabajando juntos, convocando a cada pieza que compone nuestra compleja comunidad educativa, podremos revolucionar realmente la educación en nuestro país. Estoy convencido que somos la mayoría los que queremos estar el próximo 21 de febrero y 2 de marzo frente a cada alumno, en cada una de nuestras aulas, por sobre cualquier planteo político que obstaculiza la educación.

Además de esto, hay que tener presente que urge una renovación sindical y el ámbito de la docencia no es bajo ningún término la excepción. Se trata de acompañar al docente todo el año, impulsar su profesionalización, promover sus condiciones laborales, y salariales, pero nunca coartando los derechos elementales de toda una sociedad, y atropellando su libertad. Estos son las premisas que aplicamos a diario y por las que trabajamos desde SEducA, en nuestro compromiso hacia el Docente, y toda la comunidad educativa.

Esperemos que este 2022 esté marcado por la imagen de aulas llenas a lo largo y ancho del país, y no por lo que sería la profundización insalvable de la miseria en nuestro territorio: las aulas vacías que dejan cada año a más y más chicos sin oportunidades, sin derechos, sin libertad, por un puñado de docentes kirchneristas, que cada vez demuestran ser menos.

Artículo publicado en Infobae


*El autor es Secretario General – SEducA (Sindicato de Educadores Argentinos

La escuela de los pobres y las oportunidades

Por Leonardo Pierucci

Avisos: Programa “Hacemos futuro” – Todas las Voces Puan

El 18 de febrero de 2018, la noticia en la tapa de los diarios era que el gobierno de Mauricio Macri iba a lanzar el programa “Hacemos futuro” con la idea de que quienes percibían los planes “Argentina Trabaja” y “Ellas Hacen” obligatoriamente iban a tener que terminar la escuela y luego elegir en que capacitarse.

La medida, lejos de ser autoritaria o antojadiza, pretendía ayudar a esos ciudadanos a encontrar una mejor posibilidad laboral en el mercado privado y alivianar la carga presupuestaria que supone que el estado emplee cantidades de gente en aéreas donde no precisa.

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Unos días después, vino la primera respuesta de los movimientos sociales y la militancia gremial peronista al proyecto. ¿Aprobación? ¿Apoyo unánime? No, marcha de protesta donde miles de manifestantes pidieron a coro no estudiar y seguir viviendo del aporte estatal. Los beneficiarios de planes de empleo estatales de carácter transitorio no querían terminar la secundaria ni aprender ningún oficio ni profesión, es decir, querían seguir como estaban.

Ese día en la Plaza de Mayo había una valla entre los manifestantes y la Casa de Gobierno. De un lado de la división, quienes gobernaban se mostraban progresistas desde una acción concreta. Del otro, desde el mero discurso.

Cuando nos enteramos que el 50% de los niños pobres no termina la primaria, el 80% no termina la secundaria y vemos el Conurbano repleto de nuevas universidades semivacías a las cuales la mayoría de los sectores empobrecidos no puede acceder, nos hacemos siempre la misma pregunta: ¿Es este el modelo de escuela pública que queremos?

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En épocas en que sistemáticamente nos invitan a opinar sobre la dicotomía de escuela pública si o escuela pública no, merece la pena abandonar esa cascara vacía y centrarnos en debatir aquello otro.

Personalmente no me siento representado por la abolición de la escuela estatal que proponen personajes oscuros como Javier Milei pero tampoco por este modelo que aumenta el presupuesto educativo regalando netbooks y bicicletas, que desprecia las mediciones, que capacita política pero no pedagógicamente a los docentes y que incluye alumnos artificialmente dejando afuera de la titulación a más de medio país.


DESPILFARRO DE DINERO EN EDUCACIÓN PARA GANAR UN VOTO


Después de pasar casi 20 años discurriendo acerca de la importancia de que los pobres tengan las mismas oportunidades económico sociales que los ricos (sin ninguna medida concreta para que ello suceda), es momento de indagar si, antes de ofrecer esas oportunidades, no deberíamos estar seguros de que cada uno de los destinatarios este preparado para aprovecharlas.

Es ahí donde la escuela de gestión estatal tiene la última chance de revalidar para que fue ideada por los Roca, por los Sarmiento y de explicar por qué la sostenemos los que aun hoy creemos que resulta imprescindible para el desarrollo individual y colectivo.

La educación que los pobres necesitan para que el tren no les pase de largo es la de la profesionalización de la labor docente. Profesionalizar desde el salario pero también en torno a la capacitación permanente y sin adoctrinamiento. Esa escuela también es la del presupuesto como inversión y no como gasto, es decir, cuando el dinero que se destina tiene impacto pedagógico en las trayectorias de cada estudiante.

Este modelo de gestión que proponemos es, sin dudas, el que debe prescindir absolutamente de la centralidad del estado omnipresente y volcarse hacia la autonomía pedagógica, financiera y administrativa de cada institución. También es la escuela de la planificación y el método por sobre la improvisación permanente que parece ser moneda corriente en la actualidad.

Y por último, es la del trabajo en equipo, la participación y la comunicación en todos sus sentidos y direcciones.

A comienzos del nuevo siglo, en foros educativos, se debatía con ahínco  sobre si la escuela debía formar individuos o preparar para vida laboral futura y, en este mundo de los “o” por sobre los “y” y de las antinomias irreconciliables, ganó la pulseada la primera opción.

Desde esos días hasta hoy, la gestión estatal en materia educativa puso el foco en tratar de formar individuos prescindiendo de los aspectos de la propia vida futura de los mismos. Los resultados están a la vista de cualquiera que sepa y quiera mirar.


EL CASO TOYOTA Y LA BRECHA EDUCATIVA


Este modelo gremial Cterista, que gestiona la educación estatal hace 20 años, ha logrado que una porción importante de la sociedad hoy esté convencida que el estado, por más buenas intenciones que tenga, no podrá nunca ofrecer una escuela pública de calidad.

Curiosamente Milei vocifera lo mismo que CTERA y el Peronismo vienen poniendo en práctica.

El cantautor español Joaquín Sabina, en “Eclipse de mar” decía que la tapa del diario anunciaba que “el hombre de hoy es el padre del mono del año 2000”. Ojala sigamos riéndonos de su ácido humor y nunca tenga razón. Ni él mismo quisiera tenerla.