Etiqueta: CTERA

Nunca Más un Aula Vacía

Por Facundo Lancioni Kaprow*

Facundo Lancioni Kaprow

Desde el retorno de la democracia a nuestro país, la comunidad educativa sufrió más de 1.100 paros docentes. Como promedio a nivel nacional, cada 10 años los chicos pierden 2 años enteros de clase. Pareciera, entonces, que eso de “con la democracia se come, se cura y se educa” que esbozara el presidente Raúl Alfonsín es una deuda histórica que necesita una reparación urgente, y explica gran parte de los problemas que afrontamos como sociedad.

 Si te gusta nuestro contenido podés ayudarnos haciendo click aquí

Nuestro sistema educativo tiene un entramado fundamentalmente diverso. A pesar que existe un Consejo Federal de Educación que dicta políticas a nivel nacional, cada jurisdicción es un mundo, con sus complejidades y realidades, algo que no desentona en nada con las inequidades históricas que nuestro país tiene por región. Así, por ejemplo, un chico que asiste a una escuela en la Ciudad de Buenos Aires pierde, en promedio, 7 días de clase por año, mientras que un chico en Santa Cruz, pierde 16, en una problemática que afecta al chico, a sus padres y, fundamentalmente, a los docentes.

Teniendo en cuenta que, en nuestro país, somos 1.500.000 docentes, de los cuales tan solo un 36 % están afiliados a un sindicato, ¿cómo es posible, entonces, que cuando uno o dos dirigentes sindicales deciden convocar a un paro, 810.000 docentes y los chicos no puedan ir a las escuelas? Esto obedece a la extorsión, el apriete y la violencia que rodea a estos dirigentes, que ejecutan sus delegados en las escuelas, y sucede en todo el país.

Cuando hablamos de “paros docentes” se cae en la lógica común de asociar al docente como “lo malo”, aquello que pone trabas e impide la correcta formación de nuestros chicos. Sin embargo, esto no es más que la triste consecuencia de años y años de un sindicalismo docente obsoleto que, mientras la clase política denostaba sistemáticamente nuestra tarea, en nada contribuía a representar a aquellos docentes que, con vocación y amor, a diario queremos estar al frente de un aula, garantizando el acceso a la educación para todos.

Es por esto que es necesaria una renovación dirigencial orientada hacia la representatividad del colectivo docente, y no de espurios intereses personales ligados a una proyección política personal. La democracia vino con vientos de una sociedad más libre, justa e igualadora; conceptos que se construyen como tales solo desde la escuela. Ante esto, debemos decir Nunca más a un aula vacía que drena nuestro futuro, y sólo será posible si decimos nunca más a la violencia en las aulas, en la puerta de las escuelas y al interior de la comunidad educativa.

La sociedad lo tiene en claro: las demandas de los docentes son legítimas, como lo pueden ser los de cualquier trabajador, pero esto, bajo ningún punto de vista, debe significar el bloqueo de una escuela, el ponerle un alto a una tarea tan esencial como la educación. Debemos avanzar hacia una renovación de valores, de creencias y, por qué no, de conceptos: no confundamos nunca más convocar a un paro docente, con bloquear una escuela, y vulnerar el derecho de niños, niñas y adolescentes, cuya función de la Escuela es proteger, y promover.


*El autor es Secretario General – SEducA (Sindicato de Educadores Argentinos)

La escuela de los pobres y las oportunidades

Por Leonardo Pierucci

Avisos: Programa “Hacemos futuro” – Todas las Voces Puan

El 18 de febrero de 2018, la noticia en la tapa de los diarios era que el gobierno de Mauricio Macri iba a lanzar el programa “Hacemos futuro” con la idea de que quienes percibían los planes “Argentina Trabaja” y “Ellas Hacen” obligatoriamente iban a tener que terminar la escuela y luego elegir en que capacitarse.

La medida, lejos de ser autoritaria o antojadiza, pretendía ayudar a esos ciudadanos a encontrar una mejor posibilidad laboral en el mercado privado y alivianar la carga presupuestaria que supone que el estado emplee cantidades de gente en aéreas donde no precisa.

 Si te gusta nuestro contenido podés ayudarnos haciendo click aquí

Unos días después, vino la primera respuesta de los movimientos sociales y la militancia gremial peronista al proyecto. ¿Aprobación? ¿Apoyo unánime? No, marcha de protesta donde miles de manifestantes pidieron a coro no estudiar y seguir viviendo del aporte estatal. Los beneficiarios de planes de empleo estatales de carácter transitorio no querían terminar la secundaria ni aprender ningún oficio ni profesión, es decir, querían seguir como estaban.

Ese día en la Plaza de Mayo había una valla entre los manifestantes y la Casa de Gobierno. De un lado de la división, quienes gobernaban se mostraban progresistas desde una acción concreta. Del otro, desde el mero discurso.

Cuando nos enteramos que el 50% de los niños pobres no termina la primaria, el 80% no termina la secundaria y vemos el Conurbano repleto de nuevas universidades semivacías a las cuales la mayoría de los sectores empobrecidos no puede acceder, nos hacemos siempre la misma pregunta: ¿Es este el modelo de escuela pública que queremos?

INGRESA Y SUSCRIBITE GRATIS.

En épocas en que sistemáticamente nos invitan a opinar sobre la dicotomía de escuela pública si o escuela pública no, merece la pena abandonar esa cascara vacía y centrarnos en debatir aquello otro.

Personalmente no me siento representado por la abolición de la escuela estatal que proponen personajes oscuros como Javier Milei pero tampoco por este modelo que aumenta el presupuesto educativo regalando netbooks y bicicletas, que desprecia las mediciones, que capacita política pero no pedagógicamente a los docentes y que incluye alumnos artificialmente dejando afuera de la titulación a más de medio país.


DESPILFARRO DE DINERO EN EDUCACIÓN PARA GANAR UN VOTO


Después de pasar casi 20 años discurriendo acerca de la importancia de que los pobres tengan las mismas oportunidades económico sociales que los ricos (sin ninguna medida concreta para que ello suceda), es momento de indagar si, antes de ofrecer esas oportunidades, no deberíamos estar seguros de que cada uno de los destinatarios este preparado para aprovecharlas.

Es ahí donde la escuela de gestión estatal tiene la última chance de revalidar para que fue ideada por los Roca, por los Sarmiento y de explicar por qué la sostenemos los que aun hoy creemos que resulta imprescindible para el desarrollo individual y colectivo.

La educación que los pobres necesitan para que el tren no les pase de largo es la de la profesionalización de la labor docente. Profesionalizar desde el salario pero también en torno a la capacitación permanente y sin adoctrinamiento. Esa escuela también es la del presupuesto como inversión y no como gasto, es decir, cuando el dinero que se destina tiene impacto pedagógico en las trayectorias de cada estudiante.

Este modelo de gestión que proponemos es, sin dudas, el que debe prescindir absolutamente de la centralidad del estado omnipresente y volcarse hacia la autonomía pedagógica, financiera y administrativa de cada institución. También es la escuela de la planificación y el método por sobre la improvisación permanente que parece ser moneda corriente en la actualidad.

Y por último, es la del trabajo en equipo, la participación y la comunicación en todos sus sentidos y direcciones.

A comienzos del nuevo siglo, en foros educativos, se debatía con ahínco  sobre si la escuela debía formar individuos o preparar para vida laboral futura y, en este mundo de los “o” por sobre los “y” y de las antinomias irreconciliables, ganó la pulseada la primera opción.

Desde esos días hasta hoy, la gestión estatal en materia educativa puso el foco en tratar de formar individuos prescindiendo de los aspectos de la propia vida futura de los mismos. Los resultados están a la vista de cualquiera que sepa y quiera mirar.


EL CASO TOYOTA Y LA BRECHA EDUCATIVA


Este modelo gremial Cterista, que gestiona la educación estatal hace 20 años, ha logrado que una porción importante de la sociedad hoy esté convencida que el estado, por más buenas intenciones que tenga, no podrá nunca ofrecer una escuela pública de calidad.

Curiosamente Milei vocifera lo mismo que CTERA y el Peronismo vienen poniendo en práctica.

El cantautor español Joaquín Sabina, en “Eclipse de mar” decía que la tapa del diario anunciaba que “el hombre de hoy es el padre del mono del año 2000”. Ojala sigamos riéndonos de su ácido humor y nunca tenga razón. Ni él mismo quisiera tenerla.