Hablemos un poco del odio

Por Carlos Paladino

“La política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria” (Voltaire)

El epígrafe elegido por un escritor, es una manera de anticipar el juicio de valor o la intención que piensa desarrollar en el texto. En este caso la frase escogida del filósofo francés se enraíza perfectamente con lo escuchado en estos últimos días a raíz del atentado al vicepresidente, señora Cristina de Kirchner.

Suponemos haber escuchado, al pasar de los años, cuanto disparate sale de la bocaza de los hombres políticos en auge. La realidad nos indica que cada día oculta una revelación que encubre un nuevo soplo de innovación que el mortal lo usa como se le antoja y sin el mínimo análisis. Quizás el motivo de tergiversar el significado de las puniciones lanzadas al viento por los defensores de la señora Cristina, cumplan con la consabida astucia de primeriar el marco del discurso y; de esa manera, asentar las bases del conflicto que se quiere implantar.

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A lo mejor – por qué no – se busca dimensionar el grado de importancia de explícitas cosas. O, – por ventura –  magnificar el atentado fallido para desapercibir y reparar las causas de la justicia que pesan y debe resistir, nada menos, que la vicepresidenta y dos veces presidente de la Nación, señora de Kirchner.  No descartamos que el susto esté empezando asomar en los implicados y cómplices que, sin lugar a dudas, son unos cuantos. Por eso, las expresiones populares en la puerta de la casa de Cristina, son un clamor sin convicción; más bien digamos. que son arrastrados a auto convocarse por intereses laborales, prebendarlos y otras conveniencias económicas.  A no ser, claro, que admitamos que gran parte de los argentinos hacen la vista gorda a una corrupción que ha desestabilizado la economía y la moral de toda una nación.

La libertad y la república son términos difundidos hasta el empalago en lo comunicacional; pero, no certifican el valor de su significación, se esgrimen como recurso para crear hábito y conciencia. Por la falta de respeto a esas pautas substanciales concernientes a la democracia, es que el intento de asesinato a Cristina, se desbordó.

El peronismo generó una serie de golpes de efecto verbales, que fue levantando espuma al extremo de decir que los peronistas siempre habían sido objeto del ODIO y pagado por ello. Y el acto criminal en sí dejó de ser una preocupación, para ser sustituido, por saber quién había sido el primer odiador. Asunto complicado, no obstante, en esa pelotera, nuestro juicio nos sugiere que el peronismo pierde la pulseada o, puede ser, porque no   verificaron su activa participación en la historia violenta e intolerante de Argentina. 

La novela peronista trasciende lo imaginable, en tanto acapara una montaña de elementos propiciadores del odio en la política; con Perón y sin Perón. Sin más, citaremos algunos pocos episodios que fueron contribuyendo a la “bronca” (no ponemos odio) antiperonista. Juan Perón, en persona, colaboró con el golpe de estado de 1943, dando así, con una acción antidemocrática, el comienzo de su ascendente carrera política.

También son “intolerables” sus arengas durante el ejercicio de su poderío incondicional, dirigidas a los contrarios. Estándares de amenazas vertidas fueron: advertía con levantar horcas en “todo el país para colgar a los opositores “; prometía salir  a la calle, “para que no vuelvan más ni los hijos de ellos”; repartiría cantidad de alambre “para colgar a nuestros enemigos”; predicaba que aquel  que en cualquier lugar alterasen el orden contra las autoridades “puede ser muerto por cualquier argentino” (twitter, setiembre 2022) (¿sirvió de aliciente para que las futuras guerrillas argentinas se cobrasen vidas ajenas sin remordimiento?

Después recordamos las afamadas frases “dar leña” a los opositores, “caerán cinco de ellos por cada uno de nosotros” y “Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”

¿Son expresiones indiferentes al odio? O, nos están mostrando que desde sus inicios el partido creado por Juan Perón usó la intolerancia y el odio como coacción política. Para tener trabajo había que ser peronista, ahora se crean ñoquis.  Derrocado Perón y en su exilio, estimuló y sacó provecho de las distintas juventudes subversivas – inspiradas en la aventura revolucionaria del argentino “Che” Guevara – para que con su arrojo lo retornaran al poder. Ya de nuevo al mando del gobierno argentino, su maravillosa juventud se volvió indócil, y es fácil recordar la manera en que los echó de Plaza de Mayo. Usó una locución humillante que se haría memorable: “imberbes”; precisamente contra ellos que se jugaron la vida por él. Esta actitud, para los que la vivimos, no le cayó bien ni a propios ni ajenos. Un desagradecimiento de ese carácter  no le agrada a nadie. Fallecido el líder, la guerrilla se innovó y sus tácticas de lucha fueron aterradoras.

La Triple A (AAA a cargo del “brujo” López Rega, mano derecha de Perón) salió a combatirlas con la premisa de “exterminarlas” Cosa contradictoria y chocante: tanto unos como otros, eran herederos de Perón; causantes de secuestros, crímenes, bombas, atentados, desaparecidos, etc. y más etc.; también padecidos por una sociedad argentina, apartada de todo lío y ocupada en sus sustentos diarios. Estas desviaciones antidemocráticas; ¿no fomentaron el odio en el pueblo? Los muchachos menos implicados en la violencia terrorista pagaron por demás su osadía, los ideólogos y jefes no tanto. Todavía, algunos como, Mario Firmenich, Jorge Taiana, están vigentes. Emilio Pérsico, en el gobierno actual, odia al capitalismo y opina que “hay que llenar la política de pobres” De alguna manera la democracia mal entendida y los gobiernos kirchneristas le posibilitaron la revancha y; hoy, nos refriegan en la jeta sus ostentosos cargos públicos muy bien recompensados por sus servicios a la patria. La vuelta al setentismo se hizo realidad.

Habría mucho más que agregar. Empero con lo citado alcanza para establecer el vínculo odio, intolerancia, con la historia del partido fundado por el General Perón, pero, sería para escribir un libro y no un simple artículo. Por caso, son tan pagados de sí mismos, que el vacunatorio VIP se ocupó primero de una juventud saludable y de otros privilegiados predestinados a salvarse. Los demás, viejos, jubilados, enfermos, trabajadores; no esenciales de acuerdo con el criterio kirchnerista poco importaron, debieron esperar tranquilos y encerrados. Esta indolencia – no lo podemos aseverar – tal vez se llevó a algún muerto y trajo a cambio mucho odio al ciudadano “de a pie”.   

La señora Victoria Donda, titular del INADI, afirma que “El discurso de odio es contra el peronismo y el kirchnerismo”, basada en su particular teoría de que “el ataque (a Cristina) de Fernando Sabat Montero fue consecuencia del pedido de condena a 12 años de prisión por parte del fiscal Luciani” Por eso la señora Donda “defendió la idea de crear una ley contra “los discursos del odio” Estupenda idea Victoria, es realmente plausible. Eso sí; cuidando de que dicha ley sea aplicada con imparcialidad y justicia.

Por ejemplo: que le parece revisar las causas de guerrilleros sueltos y ocupando lugares en la alta esfera política; condenar los dichos de la señora Hebe de Bonafini que entre las maldiciones que divulgó a los cuatro vientos, dijo “Hay que quemar los campos (en tiempos de cosecha) que recojan cenizas”; además de aconsejar que había que probar las pistolas Taser con la hija (una niña) de Macri.  

Sucede que es una sufrida madre (es verdad), a la que hay que aguantarle cuanto se le ocurra decir, dado el sufrimiento que ha soportado; otro impresentable, Luis De Lía, quería fusilar a Macri en la Plaza de Mayo (¿justamente él?), la senadora Kirchner (tan democrática ella) en ocasión del golpe a De la Rúa (¿el peronismo no intervino en esta elucubración?) se expidió diciendo: “es urgente que…el Dr. Fernando de la Rúa presente su renuncia a la presidencia de la Nación y entregue el gobierno de manera perentoria…”Mejor nos callamos, ¿no? Y, así, podemos seguir y seguir recopilando decires, afrentas, maldiciones y hechos de toda especie, acumulados durante tantos años de autocracia ejercida por la facción peronista.

Señora Victoria Donda y demás autores del proyecto de creación de una ley contra el odio; tiene toda la razón, ¡¡hablemos un poco del odio en Argentina!!   

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