POLÍTICA INMORAL PARA LA INFLACIÓN Y LA POBREZA

Por Carlos Paladino

No escribo para cambiarle las ideas a nadie, lo hago para sentirnos juntos los que pensamos igual.

Perú, a meses del recambio democrático, ya anda a las patadas. Dicen haberse equivocado con el presidente Pedro Castillo. El pueblo en circunstancias muy similares a las nuestras, le piden que abandone el gobierno. Salieron a la calle por la inflación, el costo de los combustibles y la inmovilidad que produce y, por los salarios en baja; todo, a partir del nuevo presidente. La ofensiva en las calles, se observa más natural que las del centro de Buenos Aires.

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Acá, los aprietes populares tienen que ver con las organizaciones piqueteras creadas a efectos de que los jefes saquen el mayor rédito político y los auténticos necesitados, un poco de plata y alimentos.   “Qué se vayan todos”, parece haberse generalizado en América del Sur.

El presidente Castillo no alcanzó a mancharse su simbólico sombrero blanco y ya le están pidiendo el raje. Para nosotros es más saludable “Que se queden los honestos y los capaces” Llegará el tiempo en qué, las entidades políticas que nuclean a sus adeptos, aprendan que, no son una bolsa de futuros puestos de trabajo de la militancia. Deben instalarse en la sociedad como una fuente de ética política, de donde saldrán los mejores dirigentes que estén en plena aptitud de gobernar a un sinnúmero de ciudadanos. Si, en la nómina de candidatos, propios no se disponen, salgan a buscarlos.

Ciudadanos capaces de suplantar lo que nos falta, sobran, pero, para eso tenemos que haber comprendido que los malos dirigentes, hacen males enormes, a veces insalvables. Y nuestro país, requiere de políticos, que sean competentes; que sepan construir y, que no roben.  No es descocado lo que pide la gente, basta tener acceso a una vida digna, en igualdad de oportunidades y en paz. 

Por más que nos induzcan a reputar que el Partido Justicialista, se encuadra en una doctrina política inventada por el General Juan Perón, resultante de un marco teórico estudiado y analizado, que abarca cuestiones legales, económicos, religiosos, sociales, etc., nunca ha funcionado atendiendo a las reglas de ese legado. Perón descifró bien, ese liderazgo hipotético, ejerciendo la presidencia argentina. O sea, siendo el líder del partido y del gobierno. Se adoctrinaban a los individuos al estilo fascista, desde el nacimiento. Cuando se exiló en España, y viendo los cambios que se originaban en los procesos políticos del mundo, comprendió que el justicialismo debía ser un “movimiento” abierto a las distintas expresiones ideológicas que iban surgiendo. Aún, las más radicalizadas.

Hoy, más que nunca, la doctrina peronista gobernando, es un montón de facciones unidas por una incongruencia que, inexorablemente conduce a la inoperancia, a la injusticia, a la violencia y a cualquier elemento que lo emplace indefinidamente en el uso del poder.  Como allí hallan asilo los que no encajan en otro lugar, cualquier grupito que aspira a vivir de las bondades de la política; sin mucho trámite, pasará a formar parte de los “compañeros”. Palabra mágica. Éstos, le juntan al peronismo unos cuantos votos, y ya integran el listado de los compañeros rentados.

Les agradecen la conversión. Es decir: ese apilamiento de ideas dispares; al gobierno le significa una cantidad de espacios que dan rienda suelta a sus ideas y, entonces, en un mismo gobierno encontramos conducciones de derecha, de izquierda, de los ultras y radicalizados; de los liberales; de los democráticos, etc., y, delincuentes que jamás los veremos condenados. “Hay de todo en la viña del Señor”; en la casa de Dios.

Más de una vez, desoímos esta cita bíblica y nos ponemos ignominiosos, subjetivos, con ciertas virtudes inmutables del kirchnerismo (ídem peronismo); y es que son buenos e indulgentes. No todo está envuelto en la corrupción, en la ilegalidad, etc. Buenos, porque reparten lo que no es de ellos; indulgentes, por su peculiar inclinación a perdonar, a disimular, u olvidar los yerros (aunque sean delictuosos); se aferran al muy cristiano y caritativo: “la indulgencia es parte de la justicia”, y, en el peronismo todas las herejías y sinrazones nacidas en sus entrañas son perdonadas. Y tan indultadas son, que, casi siempre, los agraciados son honrados, asignándoles cargos públicos de mayor envergadura y responsabilidad. ¡Ah! … Dejamos en el tintero, lo más importante: ellos sirven para todo, para cualquier área del gobierno que sea preciso cubrir. Sea, cultura, salud pública, infraestructura. servicios públicos, minería, energías, etc. Es frecuente ver el enroque entre los funcionarios fracasados e, incluso, ocupar ministerios de los cuales el candidato elegido, ignora lo mínimo e indispensable

No importa, ya va a aprender Si ustedes no concibieron en que concluyen estas políticas privilegiadas, burocráticas y acomodadizas; se lo explicamos… ¿Hace falta? Para qué si lo está viendo y sufriendo.

Al presidente Alberto Fernández no le piden arteramente la renuncia, cascoteado, a los gritos e improperios desde la calle. En todo caso el “clima destituyente” se advierte puertas adentro; y la opinión que prevalece, es la de que el presidente no manda nada. La oposición interna (La Cámpora y asociados) no le perdona la humillación frente al acuerdo con el FMI. Y la última palabra no está echada. Cuando salga esta nota alguna nueva tendremos, respecto a lo dicho. Ojalá que sea para bien y atempere los ánimos. No obstante; no es necesario tener “tres dedos de frente” para asombrarse por lo que pudiese ocurrir. Ni el presidente queda afuera de esta presunción

Alberto ganó las elecciones y asumió el cargo con un legado insultante. Se sentó creyendo que haría la “heroica” que nadie había podido. Con un gasto social inaguantable. Solamente seis millones de trabajadores del sector privado aportaban – en ese momento – impuestos para financiar el gasto estatal que soportaba a 19 millones de argentinos. Un país considerado como uno de los que más gasto crea, en proporción con su realidad productiva. No hay impuestos que alcancen La guía y ejemplo que sigue Alberto Fernández, es la de Néstor Kirchner, no obstante, haberle duplicado la cantidad de jubilaciones. Un mayor gasto social imposible de resolver. El ex presidente Macri estableció una fórmula que iba a trasladar la inflación a sus haberes, Alberto había prometido un aumento a los jubilados en la campaña proselitista, en cambio, luego dijo que, la fórmula de su antecesor, era impracticable; que no había dinero que pudiera aguantarla. Heredó, también, unos tres millones de jubilados sin haber realizado aportes (amas de casa y trabajo informal). El gobierno de Néstor incorporó “un millón de empleados públicos (un tercio del total)” (BBC News Mundo) Después vinieron Macri y su vicepresidenta actual, que contribuyeron al problema que absorbió Alberto Fernández. De igual modo, y merced a Néstor Kirchner, supo acerca de los intereses personales que vienen atados a la política y que no guardan relación con las ideas: la cleptocracia (Estado asediado y la cleptocracia-Infobae)

  

La inflación es un trauma crónico para el argentino. El compromiso de bajarla está planteado; pero, dudamos sobre si hay un interés real en ello. Interés supone el sacrificio que debemos sobrellevar todos juntos y no vemos que esté sucediendo. Cristina y el insensato Sergio Massa “se pusieron de acuerdo rápidamente y dispusieron un incremento salarial de 20 mil pesos para los empleados del Congreso de la Nación” a partir de abril. (La Capital) Agregamos: se fundamenta en llevar agua y votos al molino del FDT, en desmedro del gobierno y su equipo económico. El obsecuente Osca Parrilli, apoya la decisión y contraataca exigiendo al presidente “medidas fuertes” para que no se caiga el salario. Es lo mismo que decirle, que le meta pata, que alguno se va a hacer cargo del problema.  El, hasta ayer, ensoberbecido Roberto Feletti, dice que con la inflación “Milagros no hacemos” Casi al mismo tiempo “El Profesional” anticipa que “en algún momento tengamos una mega devaluación”.

Intentamos no confundirnos con el tratamiento que apadrina el gobierno, respecto de las medidas que adopta para contener la inflación. En el caso de las protestas callejeras, son tramoyistas y destinadas a profundizar el protagonismo de los líderes piqueteros. Diríamos que, la reacción callejera de los necesitados, es una pantomima armada y puesta en un escenario popular por los líderes piqueteros. Salir a la calle alentando a los humildes y a la inflación, es un excelente negocio que beneficia únicamente, a ellos. Son rentados para condicionar el apriete al gobierno, según convenga. Si no existieran ¿para qué otras cosas le sirven a la sociedad? Porque regalados son caros, aún para los argentinos más pobres, a los cuales utilizan sin brindarles la solución digna que se merecen. Claro, que los hay decentes, abnegados y, realmente, comprometidos con la pobreza; pero, no tiene la prensa de los mas quilomberos. El atender y proteger a los necesitados (hombres, mujeres y niños) es función exclusiva del Estado, es una inmoralidad que esa responsabilidad se la traslade a personajes de la peor calaña. Matones, e ilegales, ex guerrilleros que ignoramos porque andan sueltos y que, con ningún ejemplo moral pueden asistir a su “clientela”. Esta sacudida de tomar las calles, son organizadas por los “jefes rentados” por el gobierno nacional. Las últimas que la televisión nos mostró, eran gente de las más diversas condiciones, sacadas a pasear en carpas muy bien instaladas, entretenidas con grupos musicales, con comida y suministros varios, un ambiente creado donde no se percibía ningún malestar. Se turnaban prolijamente para continuar con el acampe.

Tenían vedado hablar con la prensa; pese a todo debían firmar planillas de asistencia que dejaran constancia de “un día de trabajo”. ¿Son personas que van a trabajar? Situación que nos induce a preguntarnos, ¿con esta receta millonaria reducimos la inflación? ¿Cuáles son los números de la verdadera desocupación? Porque estos malvados le pagan basura, por este trabajo.

Pero lo consideran trabajo. Bien se podrían invertir los sueldos de estos jefes malandras; el dinero que el gobierno les regala para llevar a cabo esa despreciable función, y aprovechar el costo de esos paseos por el centro de la capital, en favor de los verdaderos destinatarios.

¡Ojo! Estamos hablando de cifras millonarias que se desperdician en estos dirigentes que el gobierno expone facultándolos para enseñar con el ejemplo que no poseen. Es una afrenta a los desahuciados, es un indicio de lo poco y nada que le interesa al gobierno kirchnerista, dejar librada necesidades tan sensibles en manos de estos delincuentes.

El mismo D’Elía dijo que “Los acampes de la semana pasada fueron un “show off”, o sea una puesta en escena. Estado. La inflación y la pobreza acosadas por los indignos 

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