UN REPASO FUGAZ A LOS AÑOS ‘70

Por Carlos Paladino

Bueno, el país empieza a cambiar. El albertismo y muchos, entendimos que, al fin, y en una de esas, para siempre, al retirarse la Señora Cristina del dúo fantástico, el presidente quedaba en libertad de acción para concertar políticas, sin pedirle permiso a nadie. Después de todo, si el FMI acepta los términos del acuerdo y nos tira unos morlacos para aflojar la soga del cuello, se debe a las sandeces ejecutadas por Alberto y su equipo económico. Hasta algunos sindicalistas apostaron a favor del Presidente. 

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Pero no; el presidente no soporta el silencio (¿boicot?) a que lo ha sometido la vicepresidenta. La opinión de la politiquería esperaba una carta, un escrito, algo de Cristina, exponiendo su contrariedad por los hechos que comprometen al país en el futuro. Aunque sea, como para disimular que tanto ella como su hijo, La Cámpora y el kirchnerismo trasnochado fueron desconsiderados en sus opiniones anti FMI.

Alberto Fernández bajo la proclama de: todos los peronistas juntos, hace notar que Cristina no lo llama, no contesta sus llamados; lo dejó plantado. Rememora “sin Cristina no se puede”. Más que enojados; están encaprichados, sobre todo Cristina que sabe que no lo dejará en la estacada porque quedaría sin sustento político para afrontar las causas aún pendientes de corrupción. Por otro lado, a La Cámpora, nadie le quitó el poderío económico extorsivo que otorgan las cajas recaudadoras de la energía, servicios, YPF, hidrocarburos y demás, que no son pocas.

Él sólo y sus recursos, en algún momento deberá acometer contra el inmenso gasto público y para hacerlo, la certidumbre partidaria y la disposición del dinero, son fundamentales. La disponibilidad de ese presupuesto es pertenencia de la señora Cristina, y su guardia pretoriana, integrada por los sediciosos de la década del ’70 asilados en el gobierno y, su agrupación sostén ideológico y acomodadizo; La Cámpora. 

Un gasto público consolidado que creció en Nación y las provincias durante el período de Néstor y Cristina, del 20,3 % al 38,2%. Fernández, piensa y sabe, que esos dos naipes en las manos de su vice, guardan un valor que va a precisar. Es un peligro invariable.


No faltará quien ponga sobre el tapete la verdadera integridad de Alberto Fernández; un hombre que llegó donde está, a no ser por un pacto cuyos términos de perdones y falsedades no conocemos. Sin posturas doctrinarias confirmadas, el presidente – fue de derecha y de izquierda -, un operador político no creíble; un mandadero desorientado de saber quién era y al país que representaba. En 24 horas honró a un Joe Biden, (capitalista), por el arreglo con el FMI, y lo crucificó ante Putin y Xi Jinping (socialistas dictadores) La dupla presidencial y sus acólitos, ignoran.  cómo acabará la relación. Uno por ineptitud y el otro por custodiar su libertad ante la Justicia, se necesitan para defender sus afines y funestas especies.


Si se nos permite una opinión creemos que, con la aprobación de la Ley de Ficha Limpia y un ordenamiento en los distintos estamentos de la Justicia, desganaríamos de manera colosal el crecimiento del Gasto Público de Estado ¿O, acaso, le tenemos miedo a la honradez? 

Tuvimos un nuevo repaso del 24 de marzo de 1976. Fecha que evoca la caída de la última dictadura militar dada en llamarse Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Tomó el poder en 1976 hasta el arribo de la democracia con el presidente Raíl Alfonsín en 1983.  La frase alusiva que la refrenda es Memoria – Verdad – Justicia, por las víctimas del proceso militar: y hace 46 años que deja insatisfecho a muchos sufrientes de las consecuencias de ese desenfrenado proceso. Porque los heridos, muertos y desaparecidos existieron tanto en los jóvenes revolucionarios, como en civiles, trabajadores inocentes, raptados o muertos, como resultado de las balas o las bombas. En sí, el terrorismo en Argentina comenzó mucho antes, la primera víctima de terrorismo en el país, fue una niña de tres años (Guillermina) el 12 de marzo de 1960 por un atentado en la casa de sus padres, perpetrado por el grupo Uturuncos. Olavarría también registra sus antecedentes en ese sentido. 

Retomamos el relato interrumpido por esta digresión y continuamos. El gobierno democrático (los chicos sediciosos fueron insinuados a ese tipo de combate desde el más elevado prestigio peronista) que, reiteramos, primero instigó a sus muchachos con ideas revolucionarias, luego los liberó por sus acciones violentas sin juicio alguno. Prontamente bajo las firmas de Isabel Perón, Ítalo Luder y todo el gabinete de 1975 (algunos de ellos viven todavía) se percató de que los “imberbes” ya no tenían razón de ser, eran una molestia para reconciliar a la nación; y emitió la orden de aniquilación a las fuerzas del orden constituidas. Los militares, policías y demás afectados a esa misión, lo hicieron sin sutilezas. Abundaron los heridos, los muertos, los desaparecidos, los niños arrebatados a sus padres. Las desgracias que se pueden contar en miles, alcanzaron a igual cantidad de familias argentinas perjudicadas por la locura de una guerra sin sentido.  Cuanto antes se acabará el problema mejor.                           

Es un fragmento muy importante de una época sangrienta, que opaca, empaña y avergüenza a la historia argentina. Argentina, a partir de ese momento no fue la misma, cambió y ese quiebre dividió a los argentinos, pese a lo exagerado que suene en nuestras cabezas.  

La visión de estos trances, de estos dilemas, no es el mismo de los que fueron espectadores; la vivieron o al menos la vieron de cerca; de la de los otros que ni siquiera habían nacido, o eran niños sin interés en la cuestión. La expresión que alude a la Memoria; se nos presenta de carácter selectivo; es decir, recuerda solamente lo que será útil a alguno de los involucrados. Pero, también, estuvieron los soldados, los policías, los civiles, los obreros, los sindicalistas; muertos o discapacitados y, en especial, sus familias e hijos. ¿Se los bendice e inscribe dentro de “daños colaterales”, por una secuencia inexcusable? Las evidencias dicen qué, donde hay humo, hay fuego. O todos hijos o todos entenados. Otro concepto que empaña más que explica, es el de Verdad. La verdad a medias – dice el adagio – es mentira verdadera. A más de que no pueden llevarse bien. Y, de este modo lo evalúa, la realidad. Se ha mentido en todo cuanto sea posible; desde dictar inocencia y premiar a criminales pertinaces, hasta persistir en afirmar una cantidad de jóvenes desaparecidos, cuando las cifras suministradas oficiales, nos informan de números totalmente dispares.

Sea cual fuere el número de vidas perdidas, es producto de una crueldad innecesaria a jóvenes usados como carne de cañón; son un resquebrajamiento sufrido por la sociedad argentina. Decimos, “carne de cañón”, porque más allá, de que muchos cabecillas de la movida revolucionaria fueron derrotados, las cárceles, los tormentos, el terror, lo padecieron muchachos distantes de ejecutar cualquier hacho de violencia. Jugaban a imaginarse una sociedad distinta (utopías propias de la edad). Los verdaderos artífices de la maldad fueron perdonados para seguir haciendo daño. Más de uno anda disfrutando de lo cosechado en los secuestros, de empresarios de renombre.

Al producir rating, los medios los citan para que a través de la pantalla o la emisora nos den lecciones magistrales acerca de la mejor manera de conducir un país.  No los vamos a nombrar, nos dan vergüenza.  Los represores, en cambio fueron juzgados como correspondía hacerlo y de a poco van muriendo en sus celdas. 

En cuanto a la Justicia, tal vez, sea la más embarazosa para analizarla en esta controvertida trama de crímenes; de violaciones a la vida de las personas, cometidas por una y otra facción. La ley del embudo funciona: “para mí lo ancho, para ti, lo agudo” En ocasiones falla ya que “el que sirve a dos amos, con uno queda mal”. Y no es el caso de comentar, ahora, como se ejerce la justicia en Argentina. Creemos que los criminales deben ser juzgados por sus delitos, no al crimen valorizarlo según de donde provenga. Una explicación al respecto la hizo Aldo Rico: “El problema de la Argentina es, que todos los jóvenes montoneros de los años ’70, hoy son jueces. fiscales, abogados, empresarios, sindicalistas, intendentes, periodistas…” No es mentira, un día, los muchachos se pusieron de acuerdo; habló públicamente Roberto Perdía y con un coro de fondo que cantaba “Montoneros carajo” prácticamente se decretaron el “Día de los Montoneros”

El pueblo no quiere volver a ese pasado. Con ninguno de los dos protagonistas aquí tratados. ¿Cómo los aliados a la violencia mantienen su vigencia representativa, después de 46 años?; simple, ocupando lugares de privilegio en el Estado gobernante, desde que se instauró la democracia. Cobraron ellos y sus descendientes sumas fantasiosas de dinero en concepto de indemnizaciones. La Cámpora reclutó y recluta gente muy bien remunerada, a los que, recurriendo a la compra de conciencia, hacen comulgar con la misma ideología ejercitada en los años ‘70 (¿setentismo?).

Una vaca lechera que impide que pierdan eficacia y validez.    

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