Estamos cómodos en el camino de «mal en peor»

Por Carlos Paladino

Si de algo, los argentinos, podemos poner las manos sobre el fuego, es el de certificar el rumbo sostenido que ha proseguido el buque insignia que nos guía. Bajo el turno de distintos capitanes, el criterio se ha instalado y respetado como un hecho adquirido e, inmodificable. La consigna es ir “de mal en peor”. Huir de la mortaja para abrazarse al difunto.

Si de tanto en tanto, aparece un capitán que quiere torcer esa trayectoria, inmediatamente aparecerá la tripulación del mismo barco, disconforme con el rumbo que le ha fijado; y qué ocurrirá entonces; primero se van a alborotar para ver si afloja, si no pasa nada, después se amotinan, hasta quitarle el liderazgo de la nave. Los marineros saben que un cambio como el que le proponen es una realización incómoda para su acostumbramiento, más esforzada para ganarse la ración diaria y; sobre todo y muy vital; con la resistencia de los polizontes (los que viajan, comen, sin haber pagado pasaje y, sin embargo, malviven).

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Hay un montón de otros polizontes que no malviven porque son de otra categoría, son una clase muy modelada al bienvivir. El capitán queda haciendo el papel de un intruso puesto de los pelos en ese cargo, ¿qué pretende este aprendiz de capitán, vedarles su bien ganado estilo de vida? … ¡!Está loco de remate!!

El país (buque) que contiene e inmoviliza al pueblo argentino navega sin brújula ni cuadrante, a la deriva casi todo el tiempo y desde siempre. Doscientos años que pasa lo mismo. Una cosa es cierta; es un pueblo que no es refractario a la violencia. Los hechos notables de la Argentina están tapizados por hombres o acciones febriles, efervescentes, si es posible, que dejen señales de su violencia.

Las revoluciones, las asonadas militares, la guerrilla. Ni que hablar de la inquebrantable desobediencia a la ley para juzgar esos arrebatos a la vida republicana. Un poco de bochinche viene bien, la tranquilidad prolongada lo pone nervioso, necesita buscar pleitos. Tal vez ayudaría saber hacia donde enfilamos la nación; hacia la izquierda o hacia la derecha y, también, si aspiramos ser de izquierda o de derecha.

Porque los izquierdistas amasan fortunas maldiciendo al capitalismo abyecto, despreciable que busca pisotear al trabajador. Basta ver la vida y bienes de los pregoneros políticos de la izquierda para comprobar como predican con el ejemplo. Lo que se concibe como derechistas está integrado, hoy en día, por empleados, emprendedores, negociantes, que llevan adelante una pelea diaria por no entrar en la pobreza de la que hablan los izquierdistas, arrastrando a los que dependen de él. Cosa que vemos todos los días en algún lugar del país.  

La condición de pobres (izquierda) incluye a muchos empleados públicos con estabilidad laboral y respetables sueldos. Por supuesto, el ingenio político, deseoso de pulsear en la pelea por obtener algún miramiento sectario y económico ha incluido en la lista de opciones proselitistas; la Centro Izquierda y la Extrema Derecha. Toda una confusión.

El sindicalismo pregona una discursiva a sus afiliados de exaltado anticapitalismo y anti patronal, pero sus capitales personales son incalculables y poseen el dominio de no ser susceptibles de investigaciones. Todos los agraciados de estas tendencias, por el voto popular, cobrar por derecha y por izquierda. Sobran iniciáticas políticas y falta moralidad.    


                                           LA ESCUELA DE LOS POBRES Y LAS OPORTUNIDADES 


¿Cómo acallamos la necesidad extrema de la pobreza argentina? con una maquinita que emite dinero a derecha e izquierda, convirtiéndolos en subsidios sociales. Un plan de recuperación económica, que convenza de traer inversiones que se traduzcan en empleos, no existe. Y si de mentirita hubiera uno, tampoco serviría por los condicionantes que carga sobre sí el gobierno y no proyecta corregir.

En el listado de países con mayor inflación anual, figuramos entre los cinco primeros. Las tarifas congeladas muestran al inversor un país sin energía, y, al decir del presidente Alberto Fernández a Crónica el 5 de enero, “No hay ninguna posibilidad de que argentina tenga tarifazos y agregó que; en todo caso el costo de los servicios tendrá que ·corregirse de un modo razonable, teniendo en cuenta la capacidad de pago” de la sociedad. Que otra estrategia hay que no sea incrementar los ingresos de la gente. Único recurso rápido, ¿aumentando impuestos y con emisión? No sabemos.

Con el FMI, no hay forma de arreglar y no sabemos si lo habrá. En el ánimo de la señora Cristina no hay deseo de arreglo alguno. Ella tiene que demostrar su fortaleza ante los dictadores latinoamericanos. No ha sido confirmado; pero, se ha publicado que la señora Ángela Merkel señaló; “Los presidentes no heredan problemas. Se supone que los conocen de antemano, por eso se hace elegir para gobernar con el propósito de corregir esos problemas, culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre” Aunque una frase muy relacionada a ésta, circula en Twitter desde junio de 2019.

De la señora Merkel extraemos otros criterios para gobernar que pueden ajustarse a la realidad argentina. En Alemania cuidar el gasto público es una pauta a cumplir ya que no todo se ultima creando dependencias burocráticas y costosas, para enmendar los problemas sociales; alcanza actuando con profesionalidad. Por ejemplo; la atención en lo relativo a los Derechos Humanos, no es cuestión d plata, únicamente. Las leyes incumplidas son el mejor aliado para vulnerar la política de los Derechos Humanos.

El mundo liberal y el FMI, observan con inquietud el modo en que nos manifestamos con países que tienen presos a personas que no piensan como el gobierno, los detienen en carácter de subversivos. Las informaciones dicen que, entre Cuba, Venezuela y Nicaragua, las cárceles reúnen más de 1100 presos políticos.  Otro palo en la rueda de las buenas relaciones internacionales.


LOS HIJOS DE LA PAVOTA


Aunque, no podemos hacernos los desentendidos en este tema, que, por otro lado, constatamos a diario. De las arcas del Estado, salen crónicamente, muchos pesos en concepto de sueldos a ex subversivos que vegetan en distintos cargos públicos y, por si fuera poco, nos aturden con recomendaciones.

Préstamos para financiar el desarrollo de la empresa privada escasean; en cambio, los incentivos gubernamentales están disponibles para; Aerolíneas Argentinas (La Cámpora); Cammesa (la Cámpora); AySA (Malena Malgarini); Correo Argentino (La Cámpora); Ieasa, fundada por Néstor Kirchner (La Cámpora); agregamos a Radio y Televisión Argentina; Yacimientos Carboníferos Río Turbio y demás. Teniendo en cuenta los datos registrados; esas ayudas le cuestan al Tesoro, algo así, como 16.000 millones de dólares anuales, No dejemos a un costado los 25.000 empleados públicos incorporados en la Provincia de Buenos Aires. Siguen los consabidos aportes a La Cámpora, administradora del PAMI o la Anses.

Aún sin muchas luces, cualquiera sabe interpretar que ese dinero sirve a una masa de votantes sectarios del gobierno – cuanto más mejor -, que podrían ser destinados al proceso de generación de trabajo por parte de la actividad privada. Pero, el inconveniente que se imagina el partido gobernante, es que de suceder eso, no podría retener esa falange, ese séquito de indolentes seguidores.  Ustedes los conocen, se los tropiezan en la calle, en las esferas públicos; no necesitan que les digamos más.

                                                     …………………..

El desempeño de la Justicia Argentina, permitiendo la apretujada que le hace el Ejecutivo, hasta que la vicepresidenta y sus ¿amigos? queden liberados de toda cuenta pendiente; asimismo, las injusticias sociales y hasta la cantidad de jóvenes que se van del país, también son monitoreadas por los extranjeros (FMI, Inversores, etc.).

La violencia desenfrenada en las calles y la pasividad e inmovilidad a la que están sometida las fuerzas del orden, de agachar la cabeza, también tiene su injerencia a la hora de la asumir decisiones primordiales, como es, el de financiarnos dinero. ¿Las personas mayores, malcriados argentinos; alguna vez, nos imaginamos, ver estampas donde diez delincuentes – hombres y/o mujeres – patean la cabeza de un joven; o, ¿un motochorro arrastra por la calle y golpea a una anciana para sacarle vaya a saber qué cosa? Bien; acá, es habitual que la televisión nos muestre esos episodios. Además, los delincuentes tendrán una nómina inacabable de profesionales puestos a disposición de su defensa.

La delincuencia y los asesinatos en aumento, en algo involucran al gobierno central. Fíjense que, si un agente policial le tira un tiro a un criminal, expondrán mil argumentos para castigarlo. “Gatillo fácil”, es lo primero que dirán. Son evidentes resabios de la época de los Firmenich, los Taiana, los Galimberti, y cientos que andan sueltos y compensados por su compromiso con la patria.

                                    

Es muy significativo y enormemente alarmante para lo que queda en pie en nuestra nación que “Argentina vive una fuga de cerebros sin precedentes”, “la falta de perspectivas, los salarios en constante caída ante la inflación, la inseguridad…” son citados como datos perturbadores para la huida de la crisis. “…similar a la desencadenada tras la crisis económica de 2001…” (TV Suiza). Noticia referenciada (¿cuándo no, el peronismo como protagonista) como cuando los empresarios se escapaban del país acobardados por la guerrilla argentina. Perón, instigador de esta muchachada revoltosa, “decidió terminar con el ERP, FAR y Montoneros” Volvió al país para combatir a la izquierda. Se le iban los capitales fuente de trabajo, producción y empleo. Punto seguido vendría el echar a los “jóvenes imberbes” públicamente. El  monstruo que creó, ya no lo respetaba, ni era dominable

Nuestro país debe crear condiciones favorables para este manantial de capacidad que ruega por “tomarse el barco”, como lo hicieron nuestros abuelos. Es altamente imperioso recapacitar, acerca de, en manos de quien queda el futuro argentino. ¿En los vetustos partidos políticos que andan rondando por ahí? ¿La juventud acomodada e inexperta?  Difícil que nos saquen del peor camino    

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