El ejemplo… ¿no debe venir de arriba?

Por Carlos Paladino

La falacia de CFK y el ocultamiento de la pobreza

Aprendimos desde de chicos, que “el ejemplo viene de arriba”. Es el dechado de una regla de oro para la armonía de las relaciones sociales Las buenas conductas, traducidas en acciones honradas, incorruptibles, son las que el pueblo debe recibir de parte de los que, despliegan el poder (transitorio o permanente) hacia los de “abajo”. Apotegma que nos enseñaba sobre las virtudes que debíamos recibir de nuestros dirigentes, para asimilarlos, y luego, trasladarlos a nuestros dependientes.

Funcionaría en todos los órdenes de la vida; en el rol de subordinado o de patrón. ¿Cuántos veíamos en el gerente, jefe o dueño, el modelo a seguir; cuántos aspirábamos a ser como ellos? La empatía con el mandamás –con el que convivías gran parte del día – era fundamental para la buena definición del trabajo. Se respetaba porque te respetaban. Más simple imposible.

La rectitud del proverbio nace de las Sagradas Escritura, “El que viene de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es de terrenal y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio, esto atestigua que Dios es veraz; … pues Dios no da el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano” (Juan 3:31-36).

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La sentencia se agudiza en (RO 13:3-4) “Porque los magistrados no están para difundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza…Pero si haces lo malo, teme; porque…lleva la espada…para castigar al que hace lo malo”. Concurren otras interpretaciones bíblicas; pero, lo trascedente, es que sobre Dios no hay nada. El ejemplo viene de Dios, “arriba de él no hay nada” y nos advierte sobre la gravedad de no inspirarse en él. Creemos estar acertado, en que el lector sabrá interpretar que lo dicho va dirigido a los gobiernos que incumplen con sus deberes y responsabilidades.

Para los líderes, Dios encarna el actuar con el corazón en la mano y, también, despojarse del falso juramento hecho a El Supremo cuando asumió el cargo. Los gobernantes invocan a Dios, según la orientación cristiana (occidente) de sus naciones. Así vemos “Dios salve al Rey”; “Dios proteja a los Estados Unidos” y otros tratamientos que no recordamos. Sea el procedimiento sagrado elegido, todos asumen la aseveración y la aprensión a ese poder incorpóreo que viene de arriba. El inconveniente surge, de que al no ser una visión real la que castiga cuando se hace una macana, el alto poderío político del mundo –incluida la jerarquía sacerdotal – , mientras no lo necesiten, ponen a Dios a descansar en algún costado, donde no estorbe.

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Ni los adalides de los tiempos modernos, ni el pueblo en su mejor versión, han concluido en comprender las integridades que, por derecho le asisten por vivir en democracia. El fabuloso Maximiliano Robespierre, (por citar a la voz más virulenta de la lucha por la Libertad, Igualdad y Fraternidad entre los hombres, ya cuestionaba el poder omnímodo del rey, y se preguntaba “¿El rey es inviolable? …todavía estará investido del privilegio de la inviolabilidad; es inviolable por una ficción; los pueblos por el derecho sagrado de la naturaleza” Le quitaba al rey, la protección de Dios para que hiciera a gusto y placer.

Los hombres debían ser gobernados por las leyes de gobernadores que siempre priorizaran la justicia y la igualdad entre los ciudadanos, pilares sobre los cuales se edifica la democracia. El planeta no consiguió que se atestara de depredadores que suplieran la “cleptocracia” (del griego clepto “robo”, cracia “poder”), resumido “dominio de los ladrones”; por el miedo “de arriba· Palabra que vaya a saber por qué, ha entrado en desuso.

Es más, la Cleptocracia del Cuerpo Colegiado Privilegiado se ha instaurado como una norma aleatoria al desempeño de las facultades del poder, democrático, o no. Habitamos este suelo, estamos cada vez peor y, entonces, nos pegamos a él para ojear algunas cositas de nuestras malarias. Los últimos gobiernos autocráticos, por ejemplo, no tenían motivos para temer al sistema democrático, sin embargo, la primera justicia democrática. los conminóS y enjuició, no por chorros, sino por crímenes cometidos por el Estado. Poco faltó para que el latrocinio a manos llenas comenzara sin tapujos.


PAN Y CIRCO


Los últimos años son increíbles. “Con los Kirchner, apareció un depredador de nuevo tipo, que no venía del ámbito de los intereses sino de la política” Un reducido grupo en torno al presidente. “Este saqueo del estado desde el gobierno, que probablemente alcanzó dimensiones macroeconómicas, se merece un nombre ‘ad hoc’; cleptocracia” (Infobae- 23/12/2918). El presidente Néstor Kirchner (2003) en ningún momento quiso ocultar su nostalgia por la muchachada de la década del ’70, sus antiguos compañeros, gustaba decir.

Recobró las antiguas juventudes peronista y le sumó nuevas voluntades; ciertas facciones de izquierda (progresistas) concluyeron en la conveniencia económica de aliarse al kirchnerismo. Igual ocurrió con los grupos piqueteros adversos al gobierno. Intendentes y gobernadores dispusieron de presupuestos especiales; obras condicionadas a ser bautizadas con el nombre del presidente, etc. Un peronismo legendario oblicuo al tradicional se había formado, en base a un chanchito que se iba vaciando de monedas.

El aspecto doctrinario – intelectual a cargo del Instituto Patria dogmatizó la dictadura del neoliberalismo. El argumento tomó dimensión de “oligarquía” contra “pueblo” y “ricos” y pobres” Con plata y esas consignas los enemigos estaban identificados. No deja de ser una reverdecida instrucción peronista; o se es kirchnerista o enemigo del pueblo trabajador.


¿Lo que son las cosas? Nunca los trabajadores ni los jubilados estuvieron peor que ahora. ¡Ah! …perdón, los empleados de la política son un caso aparte. Con el temor al juicio que pudiera caerles “de arriba”, los Kirchner no se inmutaron; incluso, acusaron al Papa, de informante de las Fuerzas Armadas. Las cosas cambiaron, ahora, Francisco y Cristina son entrañables. ¿Esto es todo? ¡No! Por ejemplo y, siguiendo en la cleptocracia, recordemos el estrecho vínculo de amistad existente entre Alberto y Aníbal Fernández. Los intríngulis de la Casa Rosada malquistaron esa amistad y Alberto se fue apuntando “Yo prefiero entrar por la puerta grande e irme por la misma puerta, y no irme por el fondo o escondido en un baúl” (la políticaonline-21-4-2021). Uno el presidente, el otro el encargado de lidiar contra la delincuencia. ¿Se entiende quienes dirigen la nación Argentina?


Podríamos exponer en este escrito otros estudios publicados que no favorecen al equipo de los Kirchner durante su mandato; no obstante, lo creemos innecesario, para ampliar el tema tratado. El ejemplo, otras tantas, veces no vino “de arriba.

En el país argentino, hemos oído a nuestra señora Cristina Fernández de Kirchner, nombrar con frecuencia a Dios y apelar a citas de la Biblia en sus disertaciones. Se sirve de ellas como elementos persuasivos y sinceros de su arenga. Ella dice creer en Dios. Cuando desde la Casa de Gobierno anunció obras fluviales en la provincia de Buenos Aires, reprendió a contrarios, medios y al empresariado, demandando “Sólo hay que tenerle temor a Dios. Y a mí, un poquito. Por lo menos, los funcionarios que dependen de mi nombramiento”.

Enfrentando a un magistrado, se despachó con “Los jueces no son dioses”, seguramente, disconforme con algún argumento que no le gustó. La alocución dio por terminada con un “No hay que escuchar tanto a estos de Sodoma y Gomorra, porque podemos quedar convertidos en una estatua de sal, como la esposa de Set”. La Biblia nombra a la esposa de Lot, pero, no es un error que reviste mayor gravitación en el contexto de la discusión. Últimamente la escuchamos decir “Yo creo en Dios profundamente” Tal vez (Dios) le recrimine no haber sido todo lo que podía haber conseguido. Pero, Dios la va a recibir, no obstante ser odiada; “me odian –dijo- porque me jugué muy fuerte por los más vulnerables”

Con este decir, la señora Cristina se muestra conquistada por Dios. ¿Su desempeño en la función pública, alcanza para demostrar que “el ejemplo viene de arriba”?

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