En busca del sentido perdido

Por Gerardo Salomone

Frente a la andanada de mentiras e inexactitudes producto de interesadas posturas o de una supina ignorancia, resulta útil hurgar en el plano psico-social a la hora de analizar las consecuencias gravísimas que produce y dejará la Pandemia del Covid 19. Para comenzar, resulta interesante fijar la atención en los niños especialmente desde el comienzo de la edad escolar y hasta el límite superior de la adolescencia.

Es imprescindible aquí, centrar la mirada en la falta de presencialidad escolar de millones de alumnos a los cuales, so pretexto de protegerlos se los mantuvo alejados de las aulas y de sus compañeros muchísimos meses en plena etapa de construcción de la personalidad y la propia identidad (hablamos de comportamiento e imagen individual) en la cual la conformación del yo en su interjuego con el otro se va configurando y se van estructurando aquellos dos vectores. De manera tal, que la interrupción de dicha ocurrencia, significa en los hechos un brusco freno al proceso de socialización o individuación si Ud. prefiere en términos junguianos; cuestión que hace pagar a esos individuos un alto costo.

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De hecho hay un retroceso en las etapas de aprendizaje que requerirá en el futuro un recomienzo anterior al último período presencial, incluyendo una indispensable readaptación. El “encierro” en sus casas, un repliegue sobre sí mismos, que podría simbolizarse como un atemporal retorno al regazo materno que sin embargo, coartó su libertad de acción; ejerciendo  una contención y protección paradójicamente, coercitiva y punitoria, lo cual fue vivenciado como una represión a veces incomprensible para los chicos. Por esa razón en muchos casos son visibles las flagrantes regresiones como por ejemplo, chicos que se hacen pis encima o baja en la estima, distorsiones cognitivas, trastornos generales de ansiedad, de conducta, obsesivo-compulsivo, neurosis, etc. Asimismo se ha producido un aumento bastante generalizado de las violencias familiar, de género y simbólica. Solo la tozuda lucidez de los padres de alumnos <y las encuestas> hicieron volver atrás de la noche a la mañana al Gobierno Nacional y de la Pcia. de B. Aires. A esta particular situación, hay que agregarle el paradigma moral de la santa pobreza y la “inclusión” que se integra con una educación ineficaz y decadente en la cual toda evaluación es pecaminosa.

Si vamos al otro extremo, el de los adultos mayores, en ellos se va estructurando psíquicamente de manera paulatina el camino hacia el final de sus días, por el deterioro natural debido al paso de los años y en alguna medida por la desaparición de personas de su entorno; amigos, familiares y conocidos <mojones referenciales. Una especie de brújula de la propia vida>, lo cual puede interpretarse como una pérdida en su mundo interno de aquel reflejo identitario del mundo exterior que de alguna manera ilumina el camino de sus vidas, dándoles significación. Bien, con la Pandemia y sus mortales consecuencias, sobre todo en esa franja etaria, el adulto mayor percibe que la muerte está latente, está ahí. Pensemos como juega esta percepción. Probablemente produzca una depresión dificil de sobrellevar.


En la franja de los adultos y el universo formado por quienes tienen la enorme tarea y responsabilidad de mantener en todos los aspectos a sus familias, la situación es compleja y extremadamente dificil. Al deterioro psíquico y económico, hay que agregarle el más importante de todos, la disonancia cognitiva por la incompatibilidad entre su perspectiva vital y un proyecto de país, que más que eso es solo un rumbo hacia la decadencia si las cosas continúan como hasta ahora. Así no hay esperanza alguna. Nuestro gobierno, el peronismo/kirchnerismo está lejos de consentir un acuerdo básico que incluya a todos los sectores políticos, debido a que prevalece en esa coalición, una monolítica visión populista que no practica la autocrítica y tampoco asume sus enormes responsabilidades en la decadencia argentina.


A Borges se le atribuye la frase: “El peronismo tiene todo el pasado por delante”, lo cual ha sido, obviamente, arduamente criticado por ese sector político; sin embargo basta recurrir a la vigencia de sus dogmas para advertir su anacronismo. De manera tal, que por su indiscutible peso cuali-cuantitativo en nuestra sociedad, esa afirmación se puede hacer extensiva al país todo. Argentina tiene todo el pasado por delante.  

Solo algunos ejemplos de indiscutible actualidad. Nuestros gobernantes, claramente apoyan <o hacen un cómplice silencio> a países gobernados por autocrátas que asesinan y torturan, tal el caso de Nicaragua, Venezuela y Cuba. Mientras los Organismos de Derechos Humanos no emiten opinión al respecto. Le dicen algo las tenebrosas palabras: “detenidos-desaparecidos”. Es triste y doloroso el doble estándar que produce el fundamentalismo ideológico. Otra cuestión importante es la carta de la Señora Cecilia Nicolini <Asesora del gobierno y muy cercana al Presidente> al Fondo Ruso de Inversión Directa, la cual demuestra fehacientemente la postura ideologica que el gobierno tomó en relación a las vacunas y las espurias negociaciones que todavía hoy no conocemos. Para quienes rigen el destino de nuestro país, es decir nuestras propias vidas todo <todo> es ideología, hasta “Los colores del viento” <recuerda la bella canción de Pocahontas de Disney> sobre todo si proviene del País del norte.

Hay un fuerte crecimiento del reparto simbólico, consecuencia del florecimiento dogmático esperable e inevitable en éstas épocas de vacas flacas. No hay proyecto,  solo un enfoque, funcional a su sesgada característica ideológica, esto es, un potente maniqueísmo, que alimenta la lógica amigo/enemigo y un personalismo <indiscutible tendencia autocrática> temerario que da pavura. En la oposición, hay en general acciones reactivas, opuestas y simétricas a esa postura. Hay consciencia de la importancia de evitar la hegemonía parlamentaria peronista/kirchnerista, sin embargo se notan fuertes corcoveos, cierto infantilismo político y egoísmos en algunos de sus integrantes. Señores, primero la unidad, la grandeza y el renunciamiento. Se ven pocos dirigentes propositivos y centrados en las necesidades de un país desgarrado y dividido <aunque los hay para ser justo> que miren hacia adelante y esgriman propuestas concretas. Proyectos para un país viable y sustentable. La aparición de algunos outsiders da algún tipo de frescura que podría tener éxito. Así está ocurriendo en otros países en los cuales la postura de la ciudadanía parece una desesperada salida frente a los consuetudinarios fracasos.

Viktor Emil Frankl fue un destacado psiquiatra y neurólogo austríaco, prisionero en un campo de concentración por años -en circunstancias en las que daba más miedo vivir que morir-, que hizo gala de una resiliencia e inteligencia emocional extraordinarias. No solo salvó su vida, sino que descubrió el camino a través del cual el hombre puede encontrar su plenitud. En su libro “El hombre en busca del sentido” explica linealmente la importancia excluyente de encontrar un sentido en nuestras vidas. Lo hizo en las peores condiciones imaginables, pero pensando en un contexto amigable y en plena libertad; condición sine qua non. En nuestro país, los reiterados errores no forzados nos han llevado de fracaso en fracaso.

El sentido de nuestras vidas, pasa hoy por contar con un proyecto de país -conducido por personas probas y honestas-, que precisamente de sentido al pueblo argentino, una perspectiva compatible con el trabajo, el esfuerzo y el mérito. Necesitamos estar orgullosos de un camino que nos lleve a ser el país que alguna vez fuimos. Sin embargo, hay un divorcio entre quienes ejercen el poder y la sociedad a la cual dicen representar. Estamos lejos de vislumbrar un futuro promisorio y gastamos un enorme monto de energía en términos de disonancia cognitiva. Dicho de otra forma nos sentimos impotentes frente a un futuro absolutamente incierto que no podemos cambiar aún con el mayor de los esfuerzos. Da rabia, bronca e indignación. Es imprescindible que el ciudadano de a pie ejerza su protagonismo a través de las herramientas que le otorga la democracia, haciendo conocer sus exigencias a todo el arco político.

Si el mundo y en particular Argentina continúan así; tal vez, no sería tan descabellado pensar que la pos Pandemia del Covid 19 nos sorprenda con otra Pandemia social de proporciones, la Pandemia de la locura. Aunque nunca es demasiado tarde para corregir el rumbo, o tomar los recaudos para morigerar sus eventuales consecuencias.

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