La política en alerta roja

Por Nicolás Cereijo

En su artículo para el Diario El Economista, Elsa Llanderrozas alerta que el abstencionismo y el crecimiento del voto en blanco son un reflejo del desánimo social y la desconfianza del electorado en la política. La apreciación certera va de la mano de los últimos datos electorales, en especial la baja participación en Salta (64,39%) junto al crecimiento del voto en blanco que llegó al 12,13%. ¿Qué hacer?

Pregunta compleja si las hay. Una primera mirada debe estar reflejada en el accionar de la clase política, muy poco autocrítica. Burlas a la sociedad como las fiestas en Olivos en plena cuarentena erosionan aún más la poca confianza que hay. Las mismas autoridades que no permitieron despedir a familiares o hacer tratamientos médicos complejos o que obligaron a pagar multas, son las que festejan sin pudor a espaldas del pueblo que deberían representar. Porque nunca hay que olvidar que de absolutamente todos los cargos, el único soberano es el pueblo.

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No alcanza con gritar y enojarse. Simplemente se debería obrar con el ejemplo, algo que lamentablemente muchos funcionarios están lejos de hacerlo.

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También preocupa la falta de debates serios. Las campañas políticas están siendo chicanas en momentos de dolor donde se neceisita certidumbre. Se mira más la encuentra que las demandas sociales. El gobierno de Aberto y Cristina, que se jacta de nacional y popular, lleva consigo los peores números con más de la mitad de la población pobre y con una inflación galopante. Pero la culpa es de los medios.

Todo este conjunto de irresponsabilidades alimenta y facilita el discurso anti-políticos de personajes peligrosos como Javier Milei y se sigue sin pensar a la política como su verdadero fin: estar al servicio de la gente. Hay mucha desesperanza en los jóvenes que ven un país difícil para concretar sus sueños.


Justamente la segunda mirada tiene que ver con el comportamiento de la sociedad civil. No alcanza con la queja, es necesario actuar. Cada uno con su forma y desde su lugar, eso es una forma sana y necesaria de hacer política. Porque la política no es solo cargo y corrupción. Eso es lamentablemente algo que muchas veces pasa. Pero no olvidemos que la política es la única herramienta de buscar transformar la realidad, gestionar conflictos, sin la necesidad de la violencia física.


Cuando se entienda que ganar una elección no significa tomar un gobierno como botín de guerra, y cuando entendamos que como sociedad neceistamos ser más solidarios que nunca, ahí podremos encontrar puentes que nos lleven al progreso.

La base de la democracia es el respeto por las libertades. Hagamosle honor y empecemos a escuchar y dialogar más. A dejar los debates de impacto mediático pero estériles de contenido para pensar en un proyecto de país a largo plazo, que lleve generaciones pero que valga la pena el sacrificio. Empezar a fomentar seriamente mecanismo de democracia directa como los plebiscitos también es una linda manera de llenar de responsabilidad a la ciudadanía.

Que se deje de separar la distancia entre gobernantes y gobernados y construyamos lazos de participación que vuelvan a reconciliar y enamorar a los individuos con la política.

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