Se desmorona el consumo

Por Rodolfo Florido

El peronismo –por lo menos el que está en el gobierno-  perdió esa presunta empatía para percibir la gravedad de la situación socioeconómica. Hoy, para más del 85% de la sociedad argentina solo se trata de comer. No hay nada más que comer. Y, hasta el comer se está haciendo dificultoso.

El consumo experimentó en marzo un derrumbe del 26%, y de esta manera marcó el peor registro en 15 meses, 11% en abril y aún no está registrado Mayo. Si alguien piensa que aún si esto fuese menor, no se está dando cuenta que, además de la inflación, la gente o bien come menos, o come de menor calidad y/o modificó su dieta por productos de menor valor en precios y en nutrición.

¿Por qué pasa esto? Muy simple, los salarios llevan ya tres años de derrumbe. Casi no hay sector económico que no lleve 3 años consecutivos de paritarias a la baja. Esto explica claramente la caída del consumo y el porqué se ven cerrar negocios de diferente tipo para abrir panaderías, verdulerías y pollerías. Primero, porque son esenciales, segundo porque es para lo que alcanza el salario y tercero porque el pollo sustituyó la carne por su menor valor.

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Esto explica también el porqué, aún cuando estuviesen abiertos, los comercios y la gastronomía se han desplomado. No hay gente en los locales y ni siquiera se llenan los aforos permitidos en los restaurantes.

Y todo esto para los que están en blanco. Ni que hablar para la economía informal o en negro.

Veamos ahora otros indicios por demás claros aunque en formato película.  Más de 900.000 usuarios de Edenor y Edesur no están al día. La deuda por la factura de gas llega a los $ 20.000 millones. La de agua se incrementó en $ 5.600 millones. Y esto siendo que las tarifas de los servicios públicos están prácticamente congeladas desde hace dos años, y recién en junio se están autorizando aumentos del 6% para el servicio de energía eléctrica y del 9% para el gas natural (al menos en el área metropolitana) la cantidad de usuarios que no está al día con la factura de luz, gas o agua potable es notablemente alta. Al menos es lo que se desprende de los datos que aparecen en el informe de gestión 129 ofrecido a la Cámara de Senadores  la semana pasada la Jefatura de Gabinete de Ministros que conduce Santiago Cafiero .El funcionario señaló que algo más de 900.000 usuarios de Edenor y Edesur registran algún tipo de atraso en la factura. Equivale a cerca del 20% del padrón.

Para el gas natural, identificó que hay más de tres millones de clientes morosos en todo el país. Y en el caso del servicio de agua corriente hay cerca de 430.000 usuarios morosos.

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O sea, además de la brutal caída en el consumo de alimentos, se suma morosidad de millones de argentinos a la hora de pagar la luz, el gas y el agua. Y esto con precios pisados.

11.800 hoteles y restaurantes quebraron y en el sector anticipan que habrá más cierres. Aseguran que el freno más profundo en la historia del sector y que por la caída del último año, la actividad está en los mismos niveles que hace 40 años. O sea, la Argentina regresó a 1980. En ese año nuestra población era de casi 28 millones de habitantes, hoy es de 45 millones. O sea, con 17 millones más de argentinos la demanda de hotelería y de gastronomía es brutalmente menor.

Otro aspecto por demás significativo y que es casi privativo de las diferentes clases medias es la cantidad de gente que cerró sus tarjetas de crédito con los bancos. Así, casi 2 millones menos de personas tienen tarjeta de crédito. Esto obedece a la pérdida de empleo y al alto costo de tener un plástico, que es de alrededor de $ 600 por mes (cálculo extraído entre el costo mensual y el costo de la renovación anual). O sea, 2 millones de ciudadanos no solo ya no usan sino que tampoco pueden sostener un gasto de 600 pesos mensuales por mantener una tarjeta de crédito abierta.

Y aquí hay que considerar algo muy importante. Esos 2 millones de ciudadanos dejaron de tener acceso a los planes Ahora 12 o Ahora 18. Si quieren o necesitan algo tienen que pagarlo en efectivo o bien pedirle a algún familiar que les presten su tarjeta. O sea, se pasó de pagar el mínimo de la tarjeta a cerrarla. De hecho, muchos de estos 2 millones son ahora también morosos bancarios.

Todo esto explica el porqué, con 95 puntos, la Argentina volvió a aparecer en el Top 10 del ranking mundial de Miseria, edición 2020, que encabeza Venezuela y en la que comparte el lote con países afectados por gravísimos conflictos bélicos y civiles. Solo Venezuela y Surinam están peor que nosotros.

No son pocas las personas que se preguntan ¿Por qué la argentina no estalla con estos datos de miseria mucho peores que Chile o Perú donde ha habido estallidos sociales? La respuesta no está en el dinero y la comida que el Gobierno distribuye. De hecho, esa distribución ya está calculada y eso nos coloca en la 10 peor posición entre 165 países del mundo.

Quizás haya que reformular la pregunta y esta debería ser la siguiente… ¿Por qué con datos económicos mejores que los actuales durante gobiernos no kirchneristas, el país estallaba, se saqueaban supermercados y mercaditos o se asaltaba el Congreso? ¿Por qué a Alfonsín le hicieron 13 paros generales, a De Rúa 8 en tres años, a Macri 4 en 4 años, a Cristina 5 en 8 años y al kirchnerismo actual ninguno en 2 años?

Los lectores son muy inteligentes, pero no deja de ser muy triste y la pandemia si bien nos afectó, también afecto al resto del mundo y el resto del mundo no está tan desbordado como nosotros con una caída de casi el 10% del PBI, una pobreza que está llegando al 50%. Qué lejos quedó cuando un aumento de sueldo por paritarias se cobraba en un tramo y no en 5 o 7 tramos hasta febrero del otro año para que la inflación se lo coma y el salario vuelva a bajar por cuarto año consecutivo.

Ya lo decía el poeta e historiador francés Alphonse de Lamartin en el siglo XVIII… “Por mala senda en tenebrosa noche sin saber a dónde voy, camino a ciegas, ignorante a la par de dónde vengo”. Deténganse un segundo y piénsenlo. Al fin y al cabo todavía no nos cobran por pensar aunque si nos pasan facturas por nuestro pensamiento.

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