Te kirchnerizaron Guzmán

Por Rodolfo Florido

Pobre muchacho. Debe extrañar Boston pero ahora no sabe cómo salir del infierno. Lo quieren convencer de que tener muñeca política es aceptar lo inaceptable y que a ellos no los deja nadie hasta que ellos no lo echen. Lo van a masticar, lo van a digerir y finalmente lo van a expulsar. Mordido, digerido y devaluado.

Después se escribirán ríos de tinta con palabras más acomodadas, presuntas indulgencias y la presunta búsqueda de lógicas políticas donde no existe ninguna excepto la disciplina K.

En pocos días vamos a enterarnos si Guzmán tiene algo de dignidad o si por el contrario aceptará la violación como una forma de amor.

“En el kirchnerismo, vos no decidís cuando te vas. Te quedás y te vas cuando se define acá. Y acá, decide Cristina”. Taxativa afirmación de un rancio miembro de paladar negro kirchnerista.

El tiempo corre pero la lucha está terminada. Ya casi el resultado es anecdótico. Basualdo es una excusa menor. Un Subsecretario no puede ser la medida de un Ministro. De hecho con solo discutirlo lo degradaron. Es más, ya podrían, si quieren, sacarlo a Basualdo. No importa en verdad que se quede o se vaya. Basualdo es como esas tropas de primera línea de hace siglos que se las usaba para que el enemigo gaste sus municiones antes de que las tropas principales ataquen.

Guzmán ya está liquidado, solo le resta decidir (a Guzmán) en qué condiciones se va. Ya ni siquiera decide si quedarse es una decisión de él. Ya la tomaron por él. De vuelta… de acá no se va nadie hasta que nosotros no lo echemos.

Dice Román Lejtman…“En La Cámpora y el Instituto Patria tienen otra salida para el affaire Guzmán-Basualdo: cooptar al jefe del Palacio Hacienda, instruirlo para negociar en Washington y ratificar que el poder no se comparte. “Es con nuestro manual o afuera de la cancha”, argumentó un influyente funcionario del Estado que pasó su adolescencia mirando videos de Néstor y Cristina”. O sea; o acepta ser un títere de las decisiones ajenas o le cortan los hilos de control.

“Guzmán también hizo sus cuentas. Acepta la cautela del Presidente y rechaza negociar la deuda al estilo Che Guevara. No le gusta que lo acorralen y seguirá al lado de Alberto Fernández hasta que sienta que su tiempo ya concluyó. Una sensación de vértigo que lo persiguió todo el fin de semana”.

Pobre Guzmán, cree que está manejando tiempos políticos y no se da cuenta que el Presidente al que él acompaña ya entrego a su mejor amiga en el altar del sacrificio que Cristina construyó para luego colocar a Martín Soria. Un ignoto y malhumorado perdedor de elecciones, sin méritos construidos para ser Ministro de Justicia con la sola excepción de ser un disciplinado soldado al que hicieron General de un plumazo.

Guzmán es muy joven como para rifar su prestigio en el altar del sacrificio de otros. Nadie imagina que quiera quedarse en Argentina cuando su función haya terminado. Pero, lo cierto, es que pasó del desconocimiento al cielo, del cielo al purgatorio y ahora debe decidir si pasará del purgatorio al infierno o retomara las riendas de su vida para recuperar un futuro que hoy se parece más al pasado.

Parafraseando a Thomas Jefferson cuando dijo: “Nadie abandona el cargo de presidente con el mismo prestigio y respeto que le llevó ahí”, lo mismo está en el camino de la decisión de un Guzmán que hoy siente como nunca que SU Ministerio no es SUYO y que SUS Funcionarios tampoco son SUYOS. No puede sacar ni poner a ninguno. De hecho, probablemente lo pusieron en el cargo porque sabían que no tenía ningún equipo. Era un importante Ayudante de Cátedra de un ex Premio Nobel de Economía de hace 20 años (Stiglitz) y lo presentaron como el niño Maravilla. Lo cebaron y ahora en lugar de ser Robin lo quieren convencer que se quede pero como el Guasón.  

El Poder tiene mucho de adictivo, especialmente para el que pasó de tomarse un taxi para volver a su casa y de pronto le ponen el avión presidencial, coche blindado y un chofer. La pregunta del millón no es si Guzmán se queda o se va. Es si se queda hasta que lo echen después de hacer el trabajo sucio que le encomendarán para intentar ganar las elecciones de medio término. Después, si lo logran, le harán pagar el costo de los efectos secundarios de las decisiones que ni siquiera él tomó.

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