El «juego de la gallina» entre Nación y CABA

Por Juan Negri

A partir de un comentario online de un colega, se me ocurrió analizar el conflicto entre la Ciudad de Buenos Aires y el Estado nacional como un ejemplo de una interacción estratégica conocida en el análisis político como “juego de la gallina”. Este “juego” toma su nombre de un peligroso divertimento juvenil aparentemente popular en los Estados Unidos en la década del 50 que consistía en que dos conductores se desafían enfrentándose con sus autos a gran velocidad hasta que uno de los dos decida correrse de la inminente colisión (en otras palabras, “gallinea”). El ganador del juego es el que se muestra como un “duro” y no es el primero en que actúa como un cobarde.  

En los juegos estratégicos, la suposición es que los actores son racionales y que pueden ordenar sus preferencias de manera transitiva. Así, podemos suponer que para cada jugador las preferencias pueden ordenarse de la siguiente manera: ser “duro” mientras el otro es “cobarde”; ambos “cobardes”; ser “cobarde” mientras que el otro es el “duro»; ambos “duros”.

La matriz de pagos de este juego es la siguiente (los números son las “utilidades” recibidas por cada estrategia):

Jugador A

                   Cobarde                                                       Duro

Cobarde3, 32, 4
Duro4, 21, 1

Como puede verse, para cada jugador el escenario ideal es no ser el primero en ceder. Sin embargo, es preciso notar también que el peor escenario es que ninguno decida hacerlo: en el juego esto implica que ambos chocan. Esto genera un equilibrio muy delgado: la estrategia dominante para cada jugador es mostrarse “duro” hasta el final, esperando que el otro decida abandonar primero. Pero que llevada hasta el final, esta estrategia termina en que todos están peor.

Asimismo, hay un segundo elemento que es preciso destacar: es racional para un jugador mostrar que se está dispuesto a ir hasta el final para obligar al contrincante a abandonar primero. En el juego automovilístico, esto sería equivalente a que uno de los conductores decidera tirar el volante por la ventana. Si eso ocurriera, le presenta al otro una alternativa clara: “o chocamos los dos o vos sos el cobarde”.

Parece muy claro que los gobiernos nacional y porteño están jugando a este juego con la cuestión de las clases presenciales. El gobierno nacional, de manera inconsulta y desdiciendo lo que algunos ministros sostenían en la víspera, decidió suspender las clases presenciales, tema que es sensible en segmentos del electorado porteño que representa Rodríguez Larreta. Este, a su vez, decidió acelerar un poco más con su decisión de no acatar y judicializar el proceso. El gobierno nacional, a su vez, contraatacó judicialmente.  

La conclusión del juego parece clara: ambos jugadores seguirán acelerando hasta que alguno decida volantear primero. ¿Cuál será la actitud que terminará convenciendo al otro de salirse de la ruta? ¿Un fallo de la Corte? ¿La amenaza de utilizar las fuerzas federales? En cualquier caso, esperemos que no sea demasiado tarde para evitar los daños de un choque.    


*El autor es Director de la Licenciatura en Ciencia Política y Gobierno y de la Licenciatura en Estudios Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella. Doctor en Ciencia Política y Analista Político.

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