¿A quién le importa la escuela pública?

Por Leonardo Pierucci*

El 8 de julio de 1884 el presidente Julio Argentino Roca promulgaba la ley 1420, que establecía la escuela laica, gratuita y obligatoria e iba a constituirse en el acto más progresista y revolucionario de la historia de la educación argentina. Inclusión para los hijos de inmigrantes, movilidad social ascendente, gratuidad.

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El discurso era hermoso, pero los hechos fueron todavía mejores. Todos a la escuela a aprender y a intentar ser mejores que sus propios padres. Aquella fue una generación que consideraba la educación un pilar fundamental del desarrollo individual y colectivo. Políticos, docentes y padres arriba del mismo tranvía.

Hoy, a 137 años de aquel episodio, ¿a quién le importa la escuela pública?

A partir de 2005, la Ley de Financiamiento Educativo duplicó las asignaciones presupuestarias para educación. El resultado en los diez años siguientes fue un escandaloso empeoramiento de los indicadores de calidad educativa y terminalidad de niveles. ¿Es importante gastar más o el debate debe centrase en cómo y en que se gasta? ¿Se podrá debatir también quien debe seleccionar esos gastos? ¿A quién le importa?

Las pruebas APRENDER, criticadas hasta el cansancio por los gremios y la oposición al presidente Macri, trajeron luz sobre indicadores de enseñanza y aprendizaje, clima institucional y convivencia. Por aparente pedido de los gremios, la primera medida de la gestión siguiente fue sacarlas de circulación. ¿A quién le importa?

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Plan de robótica en jardines de infantes.

Paso casi desapercibido el plan de robótica de la gestión de la Gobernadora Vidal que incluía además el reparto de kit de netbooks para uso dentro de cada escuela y provisión de conexión a internet a la mayoría de las escuelas de la Provincia. ¿No son herramientas claves? ¿A quién le importa?

En el Conurbano Bonaerense, el 80% de los chicos provenientes de hogares pobres no termina la secundaria y, por ende, no accede a la Universidad. Muchos de los que pueden terminarla, no llegan con las herramientas básicas para cursar con éxito ese nivel superior. La desigualdad entre educación pública y privada está en su peor momento histórico. Si lo digo públicamente, me disparan al pecho los mismos que miran pasivamente esta triste realidad.  Es preferible matar al cartero y enredarse en una disputa ideológica que leer la carta por fiera que sea. Entonces, ¿a quién le importa?

En la Provincia de Buenos Aires, la capacitación docente está invadida por empresas que venden cursos privados en los que no se evalúa ni forma a nadie. Muchos docentes, en vez de capacitarse, compran puntos para mejorar su orden en el listado. Una minoría, en cambio, adhiere a las capacitaciones gratuitas de los CIIEs donde se aprende, además de sumar puntos. Pese al importante aumento en la oferta de cursos gratuitos de los CIIEs durante el mandato de Vidal, lo cierto es que ningún gobierno provincial ha logrado desmantelar a estas bandas que reproducen la falta de preparación de muchos docentes ¿No quieren, no pueden o no les interesa? ¿A quién le importa?

El Programa “Escuelas Promotoras” de Nivel Secundario llevado adelante por la gestión Vidal arrojó importantes mejoras comparativas de estadísticas de aprendizaje y de promoción. Trabajo por proyecto, formación de equipos, incorporación de las TICS, evaluación colegiada son estrategias que hoy se implementan en todo el mundo. La gestión actual promueve la desaparición de la propuesta como si sus efectos hubiesen sido negativos. Los gremios coinciden. Los docentes miran para otro lado. ¿A quién le importa?

Esta tragedia pedagógica que implicó la decisión política de cerrar las escuelas durante un año entero nos puso arriba de la mesa, al menos, tres falencias que son denominador común en los colegios: la comunicación, el trabajo en equipo y uso de la tecnología.

Necesitamos con urgencia debatir si nos interesa la escuela pública y si estamos dispuestos a hacer los esfuerzos necesarios para iniciar el camino de su reconstrucción y así devolverle su brillo y protagonismo fundacional. Estadística como insumo, focalización de gastos, incorporación de la tecnología, capacitación docente con aprendizaje, trabajo en equipo.

La profesionalización de nuestra labor docente no se agota en el mejoramiento de las condiciones salariales. Lo dicen los hechos, sagrados ellos. Busquemos respuestas en la almohada, ese juez inapelable donde apoyamos la cabeza cada noche y le confiamos lo que nos va dictando nuestra conciencia.


*El autor es abogado y docente.

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