Hotel “La Comisaría”

Por Luis Pico

Formosa: Gildo Insfrán refuerza la represión y agrava la crisis sanitaria

Mejor me quedo callada, no vaya a ser que venga el custodio y me grite, me maltrate. No quieren que hable, que alce la voz. Mucho menos que me comunique con los compañeros, que fueron llegando de a poco. Al comienzo no éramos ni veinte, pero luego fueron sumándose más y más hasta que juntamos un grupito, no muy grande a la vista, pero multitudinario en un lugar como este, donde algo como esto pueda lucir como un alboroto, un acontecimiento. Lo cierto es que no pudieron llegar más personas porque en eso nos rodearon y me trajeron a este sitio.

Debo mantener la mente lúcida. Creeme que no es fácil. Antes, jamás estuve encerrada en un calabozo, así que no sé cómo debería comportarme. Como tantas otras cosas, he de aprenderlo sobre la marcha, ¿no?

Pero sigo sin responder, por mucho que lo analice, por qué me tiraron aquí. De pequeña pensaba que los calabozos eran para los bandidos y las cárceles para los delincuentes. Y entonces es cuando vuelve a taladrarme la cabeza la pregunta de cuál fue el crimen que cometí.

Eso de juntarse en grupos en una plaza o alrededor de un edificio, en Buenos Aires no parece anormal. Siempre los vi a los piqueteros, a esas autodenominadas organizaciones sociales y a uno que otro sindicalista en derredor a Desarrollo Social, con la 9 de Julio cortada. Lo mismo, si no allí, lo hacían en el Obelisco, en el Puente Pueyrredón o el de La Noria. Pero eso, según parece, es allá en la Capital Federal, no en este territorio feudal llamado Formosa, tan lejano, tan distante…

Pero pará, pará un poco, ¿no es esto la Argentina, la misma Argentina? ¿O es que ahora hay dos Argentinas, una que sale en la tv, otra que solo por hoy es noticia? Bueno, no sé si noticia, pero por los pasillos de la comisaría me gritó uno que soy tendencia en Twitter, así como si ahora yo fuera una rockstar o de esos políticos de otros sitios ―o Argentinas, de la otra argentina― y que supuestamente todos andan hablando de mí, de nosotras, de las concejalas esas a las que detuvieron en Formosa, ¿viste?

¿Por qué traigo esto a colación? Instigación pública, de eso me quieren acusar, imputar, qué sé yo. Me llama la atención porque no me consta que a los otros les hayan manchado los antecedentes penales por esto que hicimos recién. De así serlo, bueno, otro récord para la Argentina, «el país con más instigadores públicos del mundo». Hasta lindo suena, capaz sea el nuevo slogan de turismo para presentarnos ante el mundo, o la excusa perfecta para llamar a los del Guiness, ja.

Qué denunciaron las concejalas detenidas por la Policía de Gildo Insfrán en  Formosa | Perfil

Y acá sigo pensando, quizá buscando el lado positivo, que me encuentro en la Sala VIP de Formosa. Difícil no es de dilucidar: si allá en los centritos de detención ―perdón, de aislamiento― a la gente la mantienen encerrada con candados durante las noches, les tienen fijada una hora para una comida, que muy buena no es, y no les permiten salir hasta que llega la libreta de libertad/salvoconducto que emite vaya a saber quién, pues, entonces seguramente a mí me estén destinando, en este preciso momento, atención especial. Lo que se dice, un huésped de honor, pues. A eso súmale que si me visitan, quienquiera que sea, seguramente lo requisen, como allá en los centritos que te mencioné, y que denunciamos antes de ganarnos las esposas/tickets de membresía que te dan de distintivo previo del ingreso al Hotel La Comisaría.

Bueno, mirá vos cómo son las cosas, que justo cuando en más detalles estaba por entrar, vienen ahora a avisarme que me voy, que me sueltan. Por suerte, a mí y a mi compañera, la cual estuvo en otra habitación sin poder venir a la mía durante las horas que duró este trajín. Por ahora nos vamos, no de la provincia, no de nuestra patria, sean dos o una sola. Se supone, no sé, dicen, que estamos en democracia, por lo cual no hay presos políticos ni se la sanciona a la gente por protestar o decir lo que piensan. Ya me juntaré con mi compañera para que me cuente cómo sintió su estadía ―por ahora― en este Hotel. Veremos si luego nos llaman para regalarnos otra membresía.


Nota al final del texto: Cuento basado en la detención que sufrieron las concejalas Gabriela Neme y Celeste Ruiz Díaz luego de protagonizar protestas en Formosa para denunciar las condiciones de hacinamiento e insalubridad de los centros de aislamiento por coronavirus organizados por el gobernador Gildo Isfrán.

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