La indiferencia argentina

¿Qué es lo que nos pasa a los argentinos históricamente? Esa indiferencia que manejamos ante hechos que en otros países serian un escándalo y acá se los vive con casi absoluta normalidad, como algo más dentro de la vorágine de malas noticias que vivimos desde hace décadas.

Por Tomás Artinián*

Un acontecimiento que llamó mucho la atención fue el caso de Abigail Jiménez, una nena que por decisión de efectivos de un paso fronterizo no pudo continuar su camino de vuelta, después de haber sido sometida a tratamientos invasivos contra el cáncer que padece. Más allá del uso político partidario del caso, me pregunto ¿cuáles son los hechos concretos llevados a cabo contra el Gobernador Gerardo Zamora? ¿Acaso no hay un pueblo de cientos de miles de Santiagueños indignado con este hecho?

El dibujo que se convirtió en un símbolo tras el caso de Abigail y su papá  a los que les prohibieron entrar a Santiago del Estero - Infobae

Probablemente sí lo sea, sin embargo no ocurre y por eso me pregunto: ¿Por qué no ocurre?

Entre 1980 y 1990 las provincias de Formosa, Santa Cruz, La Rioja, Santiago del Estero, San Luis y Catamarca tomaron un camino de transformación hacia un semi-feudo. Todos beneficiados con el sistema de coparticipación federal, que les permite disponer de gran cantidad de recursos para financiar empleados públicos que dependan del ejecutivo provincial y así ir acumulando poder.

Ahora, ¿que nos ha llevado como sociedad a nivel nacional a aceptar que un Gobernador pueda comprar votos a cambio de permanencia?, si su gestión es tan buena y solo busca el enriquecimiento de sus compatriotas ¿Por qué necesita comprar semejante masa de votos? ¿no buscará solo su enriquecimiento?

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Quizá la respuesta a muchos de estos planteos sea desde el punto de vista de quien les habla, focalizado desde un gran centro urbano con una perspectiva absolutamente distinta a la de otras zonas del país. Sin embargo, a nivel local también ocurre y a pocas cuadras de nuestras casas. ¿los mil asentamientos que se ubican en el Conurbano Bonaerense no son parte de nuestros barrios? ¿Por qué dejamos que nuestros representantes a nivel local los sigan manteniendo y solo hagan un uso político de los mismos?

La respuesta a estos interrogantes a mi entender es que como sociedad, llevándolo a la Antigua Roma, nos ubicamos en el lugar de plebeyos donde nuestras necesidades se ven escasamente cumplidas y sin embargo aportamos para que los Patricios, en este ejemplo representados por parte de la clase política y sindicalistas afines, se lleven gran parte de nuestro aporte y sin consecuencia alguna, como vimos que ocurrió los últimos 70 años. La diferencia entre Roma y la Argentina es que después del caos político en Roma por las indefinidas sucesiones de sus emperadores y su absurda burocracia el sistema cambio y a nivel local hay gobernadores en el poder hace 25 años y una burocracia ineficiente y sin embargo insisten sobre un mismo modelo y pretenden perpetuarlo.

Lamentablemente parte de la política siempre ha jugado con la indiferencia argentina ante los hechos, cualquiera sea su magnitud. Desde la explosión de Rio Tercero en 1995, a las causas de corrupción de todo el ex gabinete kirchnerista.

Hay quienes no entienden a los jóvenes que deciden tomar sus cosas y probar suerte en el exterior, el mismo presidente nos habló a nosotros diciendo: “no se vayan, hay un país que construir”, pero la pregunta es ¿Qué le estamos ofreciendo a los chicos para que se queden? ¿estamos todos dispuestos a soportar esa indiferencia ante hechos tan atroces e innecesarios como los que se viven en este país día a día? Quien les habla no es particularmente uno de esos jóvenes, porque creo que en la participación política está la clave del cambio, sin embargo, yo no puedo a todo el mundo imponerle mi pensamiento.

Un día deberíamos reflexionar como sociedad y entender que no podemos perdonar a un expresidente que tenía grupos paramilitares para perseguir opositores porque le regalo una bicicleta a nuestra abuela, como tampoco podemos perdonar la corrupción porque era simpático y andaba en una Ferrari. Ni podemos aceptar que una expresidenta inaugure tres veces el mismo hospital, haga un uso clielista de la aerolínea de bandera y después de doce años de mandato familiar, con la mejor situación económica internacional en décadas haya dejado un BCRA virtualmente quebrado y con ocho imputaciones pueda volver a presentarse a elecciones.

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Lo que nos deja tranquilos a aquellos que velamos por el mantenimiento de la República con todo lo que eso implica, es que desde 2013 ha ido creciendo una ola de cambio con una visión a futuro queriendo que, a través de sus aportes al estado, se transforme la realidad actual para ir hacia un modelo de crecimiento a largo plazo. Pero no referido únicamente a la economía sino también a la institucionalidad, a la marcada división de poderes y al fin de las maquinarias clientelares.

En resumidas palabras, a un crecimiento colectivo que se dé a través de reformas que terminen con el sistema que sigue sometiendo a la Argentina a estadísticas de países subdesarrollados, para pasar a ser un país vanguardista, como supimos serlo en las épocas donde la Argentina superaba en calidad de vida al actual primer mundo.


*Estudiante universitario y militante de la Juventud Radical de Avellaneda.

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