Milei, un síntoma que hay que atender

Por Tobías Belgrano*

Javier Milei

La noche del cierre de campaña de Hugo Chavez Frías, miles de venezolanos vitoreaban alrededor del palco del candidato que, en algunos días, sería el próximo presidente de Venezuela.

Los partidos tradicionales de la nación caribeña, Acción Democrática y COPEI, dejaron de lado sus diferencias para evitar que el carismático líder lograra tomar el palacio de Miraflores por asalto.

Pero el llanero de Barinas, astuto en su oratoria, calificó a la alianza como “cúpulas podridas” e insinuó que si su fórmula perdía las elecciones, sería debido a un fraude electoral. Porque las cúpulas políticas jamás lo dejarían triunfar, dejarlo triunfar supondría el fin de sus privilegios.

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Según el célebre politólogo Steven Levistky, autor de “Cómo mueren las Democracias” existen tres características fundamentales para identificar al populismo. Una de ellas fue la que utilizó Chavez, esgrimir un discurso anti-establishment y prometer barrer con el sistema político vigente.

En segundo lugar, los populismos suelen ser liderazgos conformados por candidatos amateurs en política y en la administración pública, ahí está el caso de Trump, cuyo primer cargo público fue el de presidente.

El último criterio del autor, es que los líderes suelen referirse a sus partidarios como el “pueblo” y a ellos mismos como sus representantes.

En los últimos años la política Argentina ha sido testigo de la conformación de dos espacios que actúan como coaliciones de gobierno. El Frente de Todos y Juntos por el Cambio, que están integrados por partidos que se circunscriben a la vieja antinomia Peronista-Radical. En sus gobiernos (hasta ahora) han tendido hacia a una mayor moderación debido a la ausencia de mayorías legislativas y han logrado alternancias de poder sin tensiones en la continuidad democrática.

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El economista Javier Milei, es un personaje que por sus intervenciones, pareciera cumplir con dos de las categorías de Levitsky, lo cual es motivo suficiente para alarmarse según el autor. Lo preocupante es cómo alimenta la ruptura de este frágil equilibrio político alcanzado. Fomenta quebrar este balance en los medios de comunicación que visita, afirmando que la grieta es realmente entre los “laburantes” y los “parásitos de la política que nos empobrecen”.

Esta constante presencia mediática, y sus verborrágicas propuestas como “hacer volar el Banco Central” le han permitido amasar un grupo de fieles que llenan los auditorios de sus charlas y las redes sociales con casi 65.000 personas que lo siguen por streaming.

Sus seguidores en Argentina, claman la consigna de “viva la libertad carajo” y apelan con nostalgia a un pasado glorioso y liberal, se hacen llamar “Los Herederos de Alberdi”. Si bien el economista no se jacta de representar al “pueblo” pareciera estar buscando su base de apoyo en una clase media agotada por la presión fiscal y la inestabilidad económica.

Por otro lado, el amateurismo en cuestiones del funcionamiento del estado se observa en afirmaciones erradas, cómo decir que el déficit fiscal es causado por el gasto político, cuando casi todos los analistas coinciden en que el grueso del gasto público nacional está en el sistema previsional.

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Además, sus propuestas suelen incluir curiosas omisiones, como plantear para la Argentina un sistema educativo de vouchers a la Chilena. A pesar del hecho que en el país andino, la falta de información en el mercado educativo y la desigualdad de condiciones para competir entre las instituciones privadas y públicas trajo como resultado escuelas subvencionadas para ricos, y escuelas estatales de pésima calidad para pobres, los economistas chilenos Cristian Aedo y Claudio Sapelli, observaron este fenómeno durante los años 90. Es decir, se propone gastar menos, pero que nada cambie.

La post-pandemia dejará “tierra arrasada” en materia económica, y el éxito de la reconstrucción dependerá del grado de consensos que alcancen tanto Juntos por el Cambio como el Frente de Todos. Pero las sociedades enojadas son impacientes a la búsqueda de pactos políticos, demandan acción y buscan culpables.

Ojalá la clase política Argentina, logré sacar al país de la crisis mediante acuerdos, de no lograrlo, existe el riesgo de que la sociedad abrace a los que apelan a la frustración como estrategia de campaña para 2021. Fue ese enojo social lo que llevó a personajes como Chavez y Bolsonaro al poder, los resultados están a la vista.

Los partidos como el Justicialismo-Kirchnerismo y el Radicalismo-PRO, están lejos de ser perfectos, pero fueron piezas fundamentales en la reconstrucción de nuestra democracia en 1983.

Hacer las reformas desde adentro será lo que sane al sistema político, si no atendemos los síntomas a tiempo se enfermará.

*El autor es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica Argentina

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