El terror que tanto tardó en repudiar Alberto Fernández

Por Luis Pico

Febrero, 2014

Tirada sobre el asfalto, inmovilizada por el peso de una militar que se le había echado encima, del rostro de Marvinia Jiménez no paraba de correr sangre. “Soy minusválida”, fue lo único que alcanzó a avisar antes de que comenzaran a golpearla con un casco en la cabeza hasta dejarla casi inconsciente. El resto del pelotón, como suele ocurrir en tiempos de represión, nada hizo para frenar aquella golpiza.

represion venezuela

A diferencia de otras épocas, de su martirio se tiene registro gracias a que no se dieron cuenta de que alguien al otro lado de la avenida los filmaba con un celular, a riesgo de correr la misma suerte si lo descubrían.

Febrero, 2015

Apenas tenía 14 años. ¿Qué hacía allí? En una ciudad como la suya, donde las protestas se daban todos los días en distintos lugares, raro no era ir por la calle y toparse con algún disturbio. Si participaba o no de las manifestaciones tampoco serviría como pretexto para justiciar que lo mataran de un tiro en la cabeza, como sucedió con Kluibert Roa, un boy scout señalado por el propio Nicolás Maduro de pertenecer “a una secta de la derecha”.

Golpiza a Marviria Jiménez: https://www.youtube.com/watch?v=d1eyCZ2cFNw

Mayo, 2017

Hacía menos de seis meses se había recibido como periodista, por lo que tenía frescos los recuerdos de las celebraciones. Con 26 años, la frase de “tenía toda una vida por delante” era común entre varios de los profesores que le dieron clase… “Tenía”, no “tiene”. Lo que pudo ser terminó cuando un militar le disparó una canica a quemarropa, perforándole el costado, cerca de las costillas. Pese a algún video, fotografías y testigos, nadie pagó por el crimen, que sigue archivado, empolvándose en algún despacho de vaya a saber cuál tribunal.

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Los tres casos tienen algo en común: ningún cuerpo de “seguridad” —dícese al servicio de la represión— fue investigado a fondo para dar con los responsables de las muertes, con los que dieron las órdenes de disparar o contra quienes sirvieron de cómplices en los crímenes.

Lejos de aminorarse, con el paso de los años las muertes continuaron, a la par del perfeccionamiento de un sistema completo de espionaje, de censura, de atemorizar a quienes se atrevieran a denunciar lo que sucedía o simplemente a manifestar su descontento.

Separados en el tiempo,  los caminos que condujeron a las muertes de Marvinia, Kluibert y Miguel se entrelazan. Todos buscaban lo mismo y tropezaron con el mismo obstáculo: el intento por conocer la democracia fue frustrado por la muerte.

Otros han corrido con la suerte, no exenta de desasosiego, de poder contar sus historias al sobrevivir a la cárcel, las torturas o la persecución. Algunos siguen en su tierra, sin saber si desconocer el exilio resulta una dicha o una desgracia.

represion II

Con todo, no es necesario ser un perseguido político para ser asesinado de manera “extrajudicial”, como formalmente lo denominan en organismos multilaterales y organizaciones no gubernamentales.

Cada cierto tiempo llegan a las villas algunos “policías” para hacer “limpieza”. Y a más de uno se lo han llevado así, sin más, luego de tumbarle la puerta. Eso de las órdenes de allanamiento no lo consideran necesario en esas ocasiones. Tampoco si tienen la sutileza de tocar el timbre a la madrugada, antes de comenzar una irrupción que ellos prefieren denominar como allanamiento. Algún abogado sabrá entender la diferencia entre una cosa y otra, ¿no?

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Prácticas como estas y algunas otras son comunes en Venezuela. De ahí que países de todas partes del mundo. En la Argentina, con el antecedente de la dictadura entre 1975 y 1983, algo sabrán sobre lo que es vivir en carne propia este tipo de atrocidades.

Por eso resultó tan sorprendente como chocante que luego de tantos años, con tanto material recabado y testigos esparcidos por el mundo, tuviera que transcurrir tanto tiempo y acontecimientos para que alguien dentro del gobierno de Alberto Fernández alzará, aunque fuera un poco, su voz contra tamaño desastre.

“Compartimos la profunda preocupación por la situación —no violación— de derechos humanos y por la  crisis política, económica y humanitaria que padece Venezuela”, expresó el diplomático Federico Villegas durante una cumbre de la ONU en Ginebra.

 

Sus palabras no fueron casuales. Llegaron apenas días después de que Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos, actualizara un informe en el que reconoce, con datos recabados desde Caracas, desmanes a los que sumó la falta de independencia del Tribunal Supremo de Justicia (Corte Suprema), cooptada por el chavismo.

Cristina condecora a Maduro: https://www.youtube.com/watch?v=EzY9NNGXc6s

Pero ni siquiera de esa manera el propio Alberto Fernández puede sacudirse sus contradicciones. No olviden que extraña a Hugo Chávez, ese que al igual que su sucesor tuvo presos políticos, cerró medios de comunicación, manipuló la justicia a su antojo y sentó las bases para el colapso que sufre el país actualmente. Tampoco pasen por alto que la Cristina Kirchner, en sus días de presidente, condecoró a Maduro con la orden San Martín, como si enfrente tuviera a un héroe digno de imitar.

Condenar los actos de Maduro sin hacer lo propio con Chávez es como molestarse luego de contraer coronavirus sin haber tomado ninguna medida de prevención. Uno eligió al otro, que siguió sus pasos a rajatabla.

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