Nada será igual después de la pandemia: las elecciones tampoco

Por Claudia Susana Catalin*

La pandemia por Covid-19 nos sorprendió a todos y nos obligó a realizar cambios de todo tipo, en nuestra vida cotidiana, en lo público y en lo privado: actividades reducidas, nuevas formas de trabajo y reuniones, cuidados de todo tipo y protocolos para la atención de cualquier cosa quedeba hacerse.
catalinbiLos especialistas en temas electorales en todo el mundo, y en particular en nuestro país, nos encontramos analizando las situaciones que generan la pandemia y la post-pandemia, así como su impacto en los procesos electorales.
Las elecciones que debían celebrarse en distintos países del mundo han tenido diferentes formas de adaptarse a este nuevo escenario, posponiendo fechas, modificando las formas de votación o incorporando medidas sanitarias para la protección de la población.
Los Organismos Electorales deben considerar nuevas formas de organización electoral y
participación ciudadana, lo que puede implicar modificaciones en los materiales, procedimientos y modalidades de votación. Por esto, el Tribunal Electoral de la Provincia, en tanto Autoridad de Aplicación en la materia, tiene la oportunidad y el desafío de aplicar las recomendaciones y consideraciones que están realizando organizaciones internacionales (OEA, Idea Internacional, IIDH-Capel, Transparencia Electoral), los Académicos desde la Universidad (Unsam) y desde el Foro Federal de Organismos Electorales Provinciales de la República Argentina.
Aunque el escenario es muy cambiante y dinámico, hay coincidencia respecto de los efectos de la pandemia en el tiempo y la necesidad de continuar con las medidas de distanciamiento social,
inclusive hasta el 2022. Ello afectará los procesos electorales que se desarrollarán el próximo año en nuestro país, y por ello, es el momento de comenzar a planificar y diseñar el proceso electoral en todas sus etapas, convocando a equipos interdisciplinarios -que incluyan además de los especialistas electorales, a los partidos políticos y a médicos sanitaristas, epidemiólogos, biotecnólogos, etc.- que recomienden las medidas que permitan resguardar la salud de la población y construir el consenso político necesario para realizar las elecciones en las condiciones adecuadas.
Entendemos que la atención de este particular momento consume un tiempo precioso y la atención de los gobernantes, pero es imprescindible planificar estos procesos que permiten la continuidad institucional y su legitimidad.
El tiempo apremia, el desafío es grande, debemos estar preparados para continuar viviendo luego de la pandemia en las mejores condiciones posibles. Hay coincidencia en que “no se puede agregar una crisis a otra crisis”. Por ello se debe comenzar a actuar.
En este mes, se comienzan a elaborar los presupuestos para el año próximo, año de elecciones de medio término en nuestra provincia, a propósito de ello y de las cuestiones a considerar para los comicios, seguiremos reflexionando y esperando se tomen las medidas necesarias y las decisiones
oportunas para los comicios.

*Abogada. Especialista en Gestión Pública y en Derechos políticos y electorales. Ex Secretaria Electoral de la provincia de Santa Fe. Miembro Honoraria del Foro Federal de Organismos Electorales provinciales de la República Argentina.

Alberto extraña a Chávez, destructor de la democracia

Por Luis Pico

Alberto lo extraña a Chávez. Sí leyó bien: el presidente de la Argentina añora a un militar cuyo máximo legado fue destruir la democracia de Venezuela.

alberto y chavez

Al que no pensara igual que Chávez solo le aguardaba un tiro —con un poco de suerte, según el día, podía ser un proyectil menos letal que una bala, como una bomba lacrimógena o una canica—, persecución, la cárcel, el exilio, un cierre forzoso o una expropiación.

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Derechos fundamentales como el voto, la libertad de expresión o a la protesta fueron pisoteados. Lo propio sucedió con la independencia de poderes, indispensable para que una república pueda considerarse como tal.

“No se puede permitir que alguien tranque una calle, una avenida o una autopista. Contra esos grupos doy la orden: me les echan gas del bueno y me los meten presos”, gritó el líder de la Revolución en un discurso en el año 2009. “¿Quieren que vaya yo a dirigir un pelotón para disolver una manifestación?”, agregó en ese entonces.

Imagínense: pedirle a un presidente / tirano que le permita a la gente protestar en su contra.

Misma lógica aplicó contra la prensa independiente. Los medios de comunicación podían sumarse a su aparato de propaganda (pagado con dinero del Estado) o si acaso, permanecer indiferentes, mudos, ante la crisis económica y social del país, que a 10 años de instalada la Revolución, convirtió a Caracas en una de las ciudades con más homicidios de todo el mundo.

Las críticas, las investigaciones, los debates, estaban prohibidos. Quienes dieran un paso adelante podían terminar como Radio Caracas Televisión (RCTV), canal más antiguo en ese entonces, que fue cerrado de la noche a la mañana, bajo el criterio personal del Comandante.

“Son unos golpistas”, los acusó”.

En vida reconoció haber perdido una elección. Fue en 2007. El objetivo: modificar, por segunda vez, la Constitución para legalizar, entre otras cosas, el poder postularse como candidato indefinidamente.

Nunca conciliador, su mensaje al día siguiente de una derrota gracias a los votos de los ciudadanos en las urnas, fue comparar al que pensaba distinto con el excremento. “Es una victoria de mierda”.

Y no conforme con el revés, dos años después organizó otra votación para legalizar la reelección indefinida. Todo un respeto por la voluntad popular, por la democracia, ¿no?

Cuando tuvo que usar la violencia tampoco le tembló el pulso. Si tenía que ir a las armas, provocar un baño de sangre, todo con tal de mantener el poder, lo haría. Mejor dicho: lo hizo.

Uno de tantos ejemplos, quizá el más notorio, fue en abril de 2002, cuando miembros de su partido dispararon contra una marcha que caminaba por el centro de Caracas hacia el Palacio Presidencial (lo que en Argentina es Casa Rosada) para exigirle su renuncia.

Varios de los pistoleros fueron filmados por cámaras de televisión. Uno de ellos, Richard Peñalver, concejal de Caracas por el partido chavista. Tras la masacre, que dejó aproximadamente 18 muertos, el dirigente fue detenido. Al año siguiente le otorgaron libertad condicional, y en 2007 quedó absuelto con un indulto presidencial firmado por el mismísimo Chávez.

Sin investigaciones independientes, de las muertes fueron acusados comisarios de policía ligados a líderes opositores. Todavía hoy, en 2020, siguen en prisión.

Caso similar, también con cárcel de por medio, fue el de la jueza María Lourdes Afiuni. Luego de liberar a un empresario contra el que no halló pruebas para mantenerlo en prisión, Chávez, en cadena nacional, pidió que la metieran 30 años en la cárcel. “Pena máxima”. Presidente, juez y fiscal.

Y también magistrado. En su momento también aumentó el número de magistrados de la Corte Suprema para posteriormente, como sucede hoy en día con Maduro, manejarla a su antojo y otorgarle legalidad a lo ilegal, “constitucionalidad” a todo lo que viole la Constitución.

De las expropiaciones, ya han visto cómo Alberto ahora lo imita. Incluso le robó el eslogan “soberanía alimentaria”.

Y pudiera seguir enumerando atropellos (por llamarlos de una manera sutil) tantas atrocidades que hizo Chávez en Venezuela pero la lista se haría interminable entre tantos perseguidos, expropiados/robados, circuitos de radio clausurados, diarios demandados, hasta la frutilla del postre como haber elegido como sucesor a Maduro, que ya saben más o menos en lo que terminó de convertir a Venezuela, donde hoy, si de algo no se tiene duda, es que no hay democracia.

¿Extraña eso Alberto? ¿Eso es lo que quiere para la Argentina? Imagínense que algún presidente venezolano dijera que extraña a Videla…

Gas del bueno: https://www.youtube.com/watch?v=0gT_9I2zFl8

Chávez y Afiuni https://www.youtube.com/watch?v=wHnVzZGBvfI

Chávez cierra RCTV: https://www.youtube.com/watch?v=bR-ZYzC3Xxs

Victoria de Mierda https://www.youtube.com/watch?v=cXBw7Y-1iB0

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La perspectiva jurídica o pseudo legalista, a fuerza de la excepcionalidad sanitaria, está matando la política y a sus integrantes, los ciudadanos

Por Francisco Tomás González Cabañas

La irrupción de la pandemia, generó por sobre todo el certificado de defunción de las ideologías y de las perspectivas geopolíticas. Tanto en oriente todo, como en occidente completo, de izquierda a derecha, pasando por el centro, la respuesta ante el Covid, fue única, absoluta y totalitaria. Lavado de manos, aislamiento y distancia social.

Represión, vía normativa, de quiénes, por alguna razón, se corrieron un ápice de las respuestas unívocas y medievales, emitidas desde el poder. Supresión absoluta de la libertad de expresión de manifestar, una posición distinta y distintiva.

Mediante la utilización del concepto de “fake news” y su correlato informal a modo de escrache social o “bullyng”, el tapabocas para evitar la propagación del virus, pasa a convertirse en un bozal en donde se hace palmaria la falta de las garantías mínimas para la continuidad de un estado democrático. La supuesta consecución del bien jurídico mayor, entroniza el concepto de lo colectivo, avasallando lo individual, siempre desde una perspectiva falaz y perniciosa. Sí fuese cierto que los gobiernos, debieran priorizar los aspectos urgentes e importantes que afectan a la mayor cantidad de población durante mucho tiempo, tendrían que haber ejecutado programas y proyectos, para paliar o mitigar la pobreza y la marginalidad en lugares como desde donde esto se escribe. Sabemos por experiencia continúa o por historicidad que esto nunca fue así.

Hacen uso de esta maniobra, porque el problema principal que genera el virus, no es como se quiere hacer creer el mal directo a todos y cada uno de los ciudadanos. El virus, genera principalmente un problema para los gobiernos que quedaron desnudos al estar evidenciados en su falta de capacidad de respuesta ante lo que acontece y que para ello, se han propuesto y ganaron el derecho como el deber a gobernar.

No se trata de arremeter contra los abogados, dado que son los únicos que se han reservado para sí la integración, en lugares jerárquicos, de un poder del estado (el judicial) sin que nadie osare cuestionarle esto mismo o que ninguna otra facción profesional, pretenda para sí alambrar en forma taxativa y normativa la integración de otro poder del estado (lo podrían hacer los politólogos, que dicho sea de paso tienen más de la mitad de materias de estudio iguales a las de un abogado, es decir son abogados teóricos, sin ejercer o abogados políticos), pero la constitución de ciertos resortes de nuestra institucionalidad democrática, se debe a esta sobre presencia de hombres y mujeres formados en derecho que habitan el mundo del poder público. El ejemplo de la cuestión electoral es contundente y evidente, pero en verdad, la problemática es subyacente.

Desde hace décadas que en esta parte del mundo, las familias que consideran (dado que los hijos no deciden hasta bien entrado los 30) que sus descendientes deben formar parte de la política (sea como una suerte de herencia, porque sus padres integran tal poder) los envían a estudiar abogacía, desde hace algunos años, ciencias políticas, que como dijimos comparte en más del 50% la plantilla curricular de lo que el politólogo  estudiara, transformándose en una suerte de abogado político, abogado teórico o abogado no litigante.

Esta concepción se acendro, culturalmente, bajo lo que el dramaturgo uruguayo, Florencio Sánchez con precisión meridiana narró en la inmortal obra “Mi hijo el dotor”.

A tal punto hemos quedado con los viejos paradigmas, que datan de más de cien años, que tanto los clases bajas, medias como altas, por motivos, distintos (los de arriba saben que tienen garantizado el acceso al poder, los otros, peronismo mediante, tienen la expectativa que tal vez lo puedan lograr) pretenden doctorarse, básicamente en derecho.

Podríamos hacer un capítulo aparte, que en verdad no sería tan aparte, dado que explica este fenómeno, acerca de lo que ocurre con los médicos o galenos, que son la otra gran matrícula, histórica y actual, es decir que se mantiene, en estos baldíos del norte en donde dios juega a las escondidas con quiénes se dicen sus amigos.

Como la corporación de los abogados, se avocó a la disputa con la casta militar (usando para ello a los jóvenes idealistas que pensaban que luchaban por un mundo mejor, mientras se comían el viaje de sus vidas) reservándose la atrocidad institucional (insistimos, es dable destacar que nadie cuestione seriamente, como se apropiaron de un poder del estado, cuando ni siquiera la justicia, puede ser entendida, ni a nivel teórico, como independientemente, ni mucho menos aplicada, solo por abogados, que encima, demuestran desde hace años un paupérrimo servicio de justicia) de una parte del estado como botín (de aquí debe provenir, que en la política se muestren acuerdos, escritos de repartos de cargos en áreas del estado, como si esos documentos fuesen ejecutables)  la legitimidad democrática, se fue yendo por la borda.

Lo que explotó por los aires en el 2001 (como síntoma la escasa participación y la impugnación de voto) vino a tratar de reconstituirse por intermedio de famosos, deportistas o cantantes.

Como ese remedio, fue tan sólo un placebo, un leve mitigar de un dolor, que no resolvió la cuestión de fondo, se usa muy espaciadamente o no tanto en una supuesta época de furor que se vendió como la crotoxina para hacerle frente al cáncer.

Por esto mismo, la otra doctoración, o el verdadero doctor, en pueblos con valores de siglos decimonónicos, pertenece a un linaje que le da sensibilidad, cientificismo y seriedad. Ideal para que luego de años de logros profesionales, ingresen por la puerta grande de la política, para que con sus delantales blancos limpien el barro de la política.

Aún los médicos no se dieron cuenta (en realidad cuando quisieron discutir el poder de enserio, Favaloro, o tomaron los mismos atajos que los políticos, Borocotó, terminaron muy mal en Argentina) que son un instrumento, son el bisturí, que están usando los políticos, para seguir administrando  el poder, en este caso curarlo.

El problema, que los políticos difícilmente puedan ver (una de las razones es porque aborrecen el psicoanálisis, básicamente porque los humaniza, los desacraliza del manto sagrado y protector del poder) es que están programados, chipiados, u organizados mentalmente, por la estructura jurídica-normativa, con el que se forma un abogado.

El abogado, precisamente, procura, litiga, defiende, actúa casi insidiosamente ante una estructura de la que quiere obtener un resultado, mediante una excusa como lo justo. Es decir el abogado, persigue algo, por definición, que al político, poco o nada le debería interesar; la justicia. La justicia en todo caso, debe ser un reservorio para dios, como realidad, como ilusión o como religión, pero nunca como finalidad, menos para un político.

En este absurdo del que todos somos víctimas, de que nuestros políticos, busquen justicia, y para ello, se enreden y nos enreden, en los laberintos kafkianos de las instituciones, pretendiendo un resultado (aquí se consolida la razón instrumental de este desaguisado, esta perspectiva se hibrida con lo que propone el sistema ultra-resultadista del producto o la sentencia en este caso), mediante la conformación de leyes incumplibles, que cuando son violadas, justamente, son mal penadas o nuevamente violadas, esta vez justamente, en el instar de la penalidad, la política, se retira, se oculta, se olvida.

¿Y cuál puede ser la respuesta de un político con formación jurídica? Leyes, proyectos de leyes, cambio de leyes, revisión del ordenamiento jurídico para ordenar la civilidad política.  A esto se le suma la participación de la comunicación, que se pretende sabedora de las leyes, y que sin esa formación, comunica, bajo sus intereses, lo que considera a una población que termina consumiendo, lo actual y obvio: Las leyes no sirven para nada y los políticos tampoco. Nosotros, lejos de creer esto o lo otro, decimos que las leyes sirven en tanto y en cuanto estén al servicio de una lógica de pensamiento, de un funcionamiento conceptual, que imprima un político, más allá de su formación profesional.

Un político, puede pretender la felicidad de su pueblo, la igualdad, la inclusión, la libertad; la justicia, sin embargo,  es una finalidad que no ha generado buenos resultados al ser perseguida, dado que no le pertenece a la órbita de la política tal persecución, esta es la gran y grave confusión que le brinda la perspectiva jurídica o del abogado a la política (que dicho sea de paso, sí los abogados realmente pretendieran justicia, que primero dejen de tener exclusividad en la formación e integración de un poder del estado y que luego adornen mejor tal relato).

La política, o los políticos, deben desembarazarse o prescindir de esta perspectiva que no ha contribuido en nada positivo a la comunidad, siquiera en una supuesta búsqueda de justicia. Que fracasa rutilantemente ahora, mediante la pandemia, que convoca a los científicos, a los dueños de la verdad de nuestros cuerpos, a los médicos, que sin vacunas ni remedios, nos reiteran las conocidas recomendaciones medievales, obstruyendo la posibilidad de que nos encarguemos de todas las otras problemáticas que nos afectan como humanos (todas las otras enfermedades, desocupación, crisis económica, salud psicológica y emocional). La política, debe ver en la historia, donde nació la perspectiva democrática que los hombres que mejor contribuyeron a ella (es decir a la constitución de una cultura como de hecho la fue la Griega) han sido, los filósofos, los pensadores; no lo decimos nosotros, lo dijo Platón (como tantas otras cosas) en su obra (tan importante como otras) que se dio en llamar “La república”. Como tantas otras culturas, es decir el humano mismo que nos precede, sorteó pandemias, modificó normas y todo lo imaginado, pero lo único que no cambió, ni cambia, ni cambiará, pero a lo que en tiempos aciagos, debemos darle precisamente más lugar es al pensamiento, a la reflexión y al trabajo con los conceptos.

¿El aislamiento sanitario se convirtió en un aislamiento político?

Por la Dra. María Cristina Capeche

La situación de pandemia global, a la que no es ajena nuestro país, ha repercutido en una crisis no solo sanitaria, sino también económica, y social para nuestra sociedad que no registra precedentes.

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aislamiento

Al comienzo del ASPO, “aislamiento social preventivo y obligatorio”, pudimos cumplirlo con gusto ante la presencia de un virus no muy conocido por la comunidad científica en ese momento, denominado COVID 19.  Durante las seis primeras semanas de confinamiento, la sociedad toda se esforzó para dar cumplimiento a las indicaciones de prestigiosos infectólogos consultados por el Poder Ejecutivo Nacional. Dichas recomendaciones llevaron al dictado del primer DNU. El mismo está referido a medidas a fin de mitigar el impacto sanitario, realizar la difusión de la misma y comunicar al público la situación, educar a la comunidad, recomendar restricciones de viajes desde o hacia las zonas afectadas, instar a las personas sintomáticas procedentes de zonas afectadas a abstenerse de viajar hacia la República Argentina, hasta tanto cuenten con un diagnóstico certero.

Este estricto aislamiento que significó un riguroso orden de no aglomeración de gente, cumplimiento de distanciamiento social y de poder circular solamente con la debida autorización, obtuvo un resultado altamente positivo, ya que no hubo una diseminación cuantiosa por demás, como se esperaba, de infectados por el virus en cuestión.

Asimismo, provocó numerosos efectos adversos. Podemos explicarlos en tres esferas, la emocional que refleja lo que provocó emocionalmente la cuarentena en un principio, el estado de salud ya que las personas no tienen el mismo estado de salud que hace más de noventa días, atento a que no han podido concurrir a sus controles médicos habituales, a que no pueden realizar actividad física regularmente y a que la alimentación no conserva el mismo orden, se come con más sal y el tercero que no podemos pasar por alto es el impacto económico. No me corresponde a mi analizar ese tema ya que no soy idónea en el mismo, pero es de público conocimiento la situación desastrosa por la que están atravesando numerosas empresas de nuestro país.

Hoy, cuando los prestigiosos infectólogos que asesoran al Poder Ejecutivo generan discusiones políticas con posturas políticas, se des encuadra el “aislamiento sanitario” dando lugar a un “aislamiento político”.

Confunden con los datos que informan, son verdades, pero a des tiempo. Nos informan que la mortalidad que produce la enfermedad provocada por el Covid 19 es del 2 o 3 % con respecto a los testeos realizados. Pero, ¿cuántos testeos se realizan?

Se necesita un programa exhaustivo para salir del aislamiento indefinido al que pretenden someternos. Las restricciones, tal vez, deban volver alcanzadas con otras herramientas.

Las personas vulnerables, en los geriátricos, el personal de la salud con los insumos necesarios, los habitantes de barrios más carentes de necesidades, son los que necesitan protección. Por su parte, las personas jóvenes y sanas y que conocen las recomendaciones de los expertos infectólogos y que cuentan con actividades económicas, pueden concurrir a sus trabajos.

Así las cosas, y en vísperas de nuevos anuncios desde el Ejecutivo Nacional, corresponde que nos preguntemos: ¿Alcanza con la cuarentena?, una cuarentena que lleva más de noventa días. ¿El aislamiento sanitario se convirtió en un aislamiento político?

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Consecuencias psicológicas de la cuarentena sin fin

Por Cristina Paulik (Psicóloga)

Durante la primer semana de la cuarentena yo daba, en mis vídeos, consejos de cómo sobrellevarla. Aprovechar el tiempo en familia, ordenar esas cosas que hacía rato teníamos pendientes, hacer un insight , trabajo interior personal….. hoy el panorama ha cambiado…. vamos hacia los 100 días de confinamiento.

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¿Cuánto tiempo de aislamiento social se puede sostener sin generar problemas de salud mental?

Hoy las personas atraviesan estados de incertidumbre, el aislamiento, que los aleja de seres queridos, hijos,  padres, amigos, sumado a los problemas económicos que produce mucho tiempo sin poder trabajar.  Todo ello genera ansiedad, angustia, preocupación, y pérdida de sentido de la vida.

Nos preguntamos: ¿me voy a contagiar?, ¿me voy a morir?, ¿ hasta cuándo estaré sin trabajar?, ¿me pagarán estos días?, ¿me echarán del trabajo?, ¿tendré que cerrar mi negocio?, ¿podré recuperarme de esta crisis?

Los tiempos nos juegan en contra, cuanto más dure la cuarentena, peores consecuencias habrá para la salud mental de los argentinos,  muchas patologías existentes se convertirán en crónicas.  Y nos llevará a una posible depresión, abuso de sustancias, suicidios, y stress post traumático.

El stress nos trae tanto consecuencias psicológicas como físicas,  dentro de estas últimas se generan contracturas con mareos y pérdida de conciencia, presión alta, dolor de cabeza, insomnio, y sintomatología de ataque de pánico.

En esta situación los trabajadores de la salud mental no son considerados una actividad esencial. ¿Cómo puede ser? Inclusive muchas obras sociales no están cubriendo la atención psicológica remota. Se suspendieron tratamientos. La situación es caótica.

Estudios recientes realizados en la Universidad de Buenos Aires indican que para un 60% de las personas a las que  se ha consultado acerca de este tema, y de cómo impactó el encierro en sus vidas, describen que han empeorado, y hablan de su desesperanza sobre el futuro. La negatividad ha aumentado en la población.

No podemos solamente ocuparnos de “sobrevivir” a un virus, somos más que lo biológico,  respirar, procrear y morir.  Necesitamos con urgencia desarrollar lo que hace a nuestra esencia humana,  crear arte, hacer deporte, bailar, cantar, interactuar con otros seres humanos.

Si no se revierte esta situación de aislamiento extremo con urgencia, las consecuencias serán alarmantes e irrevocables.

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¿Quién es Alberto Fernández?

Por Rodolfo Florido

Se especula mucho, en demasía. Se hacen cálculos políticos y se leen antojadizamente tales o cuales indicios. Pero la realidad, al final del camino, es que un hombre es simple o complicadamente un hombre, su psiquis, su historia y sus reflejos construidos. Es el resultado de su historia. Sus éxitos, sus fracasos, sus inconsistencias, sus consistencias, sus construcciones familiares y amorosas, etc. Ortega y Gasset decía en su obra Meditaciones del Quijote, “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

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Este brillante pensador puso de relieve que la persona estaba formada por dos partes esenciales: el sujeto y el mundo con el que a cada quien le toca vivir cotidianamente.

Al respecto, el periodista, intelectual y escritor mexicano Luis A. Guadarrama Rico afirmaba…  “Nos desplazamos en un pedazo del mundo; en una época específica cuyo entorno también nos configura y, a él respondemos desde nuestra existencia”.

Entonces; ¿Quién es Alberto Fernández?

¿Es el que denostaba y acusaba de nefasta a Cristina? ¿Es el que afirma que es una líder indiscutible y un cuadro político al que hay que escuchar? ¿Es el que se desgañita diciendo que la idea de expropiar a Vicentin es de él y de nada más que de él? ¿Es que agradece a la Senadora Fernández Sagasti la idea de expropiar Vicentin? O es de los que creen que cuando a un sapo se lo cocina a fuego lento este no se da cuenta hasta que está hervido y muere.

Cada argentino debería dilucidar para sí mismo si Alberto es Caperucita o el Lobo. Claro que podrá decirse, lo que no es menos cierto, que los seres humanos no son binariamente Caperucita o el Lobo. Qué la deconstrucción de un ser humano es mucho más compleja que la bondad y la sabiduría en estado puro o el cinismo y la perversión en estado puro y es absolutamente cierto. Nada es tan simple, por eso es necesario saber “Quien es Alberto”.

Descubrir o acercarse al descubrimiento de la naturaleza primaria de Alberto Fernández- es muy importante, diría determinante ¿Por qué? Porque es el primer ciudadano, el Presidente en un sistema presidencialista, el que manda, mezcla y reparte, el que ordena una dirección y en esa dirección –cual Formula 1- succiona a toda una sociedad. Sus aciertos impactan sobre todos y sus errores los destruyen con igual consistencia.

Alberto es un hábil declarante. Cada vez que transita espacios incómodos crea expresiones duales que le permitan ir en una u otra dirección. Una suerte de recalculando permanente. Alguien que podría decir sin ponerse colorado que hay violaciones y violaciones consensuadas. Cristina no es así. Ella puede decir sin ambages… expropiación. Alberto dirá “rescate”. El problema es que la ciudadanía ya se está dando cuenta que los buenos modos terminan en el mismo resultado que los malos modos.

Cada vez que la pregunta se repite… ¿Es Alberto el Presidente o es Cristina? Es el poder de Alberto el que se resiente. Claro que esto es así, si él quiere ser Presidente y no un Cámpora o el Medvedev de Putin.

Su necesidad de expresar que el Presidente es él, hace pensar que quiere realmente transformar la duda en una expresión asertiva.

Entonces… ¿Quién es Alberto? ¿El que transito por la derecha nacionalista que integro con Alberto Asseff, que luego le diera el sello para que José Luis Espert le birlara votos por derecha a Macri?… ¿El que estuvo con Raúl Alfonsín como subdirector general de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía?… ¿El que estuvo con Menem como Superintendente de Seguros?… ¿El que estuvo con Cavallo representándolo como Legislador del partido “Encuentro Por la Ciudad”?… ¿El que se encargó de los fondos de campaña para la candidatura de Eduardo Duhalde?… ¿El que estuvo con Néstor? ¿El que se peleo con Cristina? ¿El que se amigó y está con Cristina? … o Alberto es todo eso.

Un gran navegador de la historia, un hombre que fue para todos importante aunque todos esos sean enemigos políticos los unos de los otros. Un sobreviviente pragmático o un cínico capaz de explicar lo inexplicable en un país donde la resiliencia es casi más importante que el futbol. Un hombre con una empatía capaz de comprender todo y a todos o un sociópata al que nada lo conmueve con excepción de sí mismo y sus ambiciones. Un hombre del Poder para tener Poder o un hombre que por el Poder es capaz de entregar todo.

Dilucidar quién es Alberto realmente no deja al fin de cuentas de ser una opción subjetiva entre extremos no expresados. En cualquier caso solo hay una realidad empírica. Y es que; esto, se dilucidará más rápido que lentamente. Es imposible disimular mucho más tiempo la naturaleza primaria  que guía las conductas y las decisiones de Alberto. Al fin y al cabo es como la vida misma, se puede engañar a alguien un tiempo pero no todo el tiempo. No falta demasiado, más bien falta poco, para saber con certeza si él es el Presidente, si decide lo que desea o decide lo que desean otros, o si acomoda sus deseos alineándolos con los deseos de otros convenciéndose así mismo de que está haciendo lo que desea o si es un pragmático o un cínico.

No será la opinión de quien firma la que dilucide estas preguntas, serán luego los hechos lo que diluciden las respuestas objetivas a las construcciones subjetivas. O, como dijo Bertrand Russell… “Muéstrate escrupuloso en la verdad, aunque la verdad sea incómoda, pues más incómoda es cuando tratas de ocultarla.”

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Expropiación: tu cara me suena

El cuento del rescate que termina siendo un salvavidas de plomo.

Por Luis Otero

Agroisleña está expropiada. Ven a mí que tengo flor. Se acabó el tiempo de la agroisleña esta… Le hago un llamado a sus dueños para que se pongan en contacto mañana mismo PASA A SER AHORA PROPIEDAD POPULAR. PROPIEDAD PATRIA.

Mientras la claque aplaudía hasta romperse las manos.

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agroisle

Así empezó la destrucción de la industria agroalimentaria en Venezuela.

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3 de octubre de 2010.  La frase de Hugo Chavez desafiaba a sus rivales.  La expresión se usa en el truco, un juego de cartas en el que el engaño al rival es parte del juego, hacerle creer que tenés buenas cartas cuando por ahí no las tenés  y viceversa. Ahora, si cantas flor y no tenés, los puntos van en contra.

En Venezuela la historia le  iba a cargar los puntos en contra a los venezolanos por  el engañoso relato de Chavez, quien cantó flor, pero la agroindustria se terminó marchitando. Ese día, Hugo Chavez dijo que en la semana se iban a reunir con los dueños de AGROISLEÑA .

Casualmente los dueños, se enteraron de la expropiación por la tele. Una coincidencia con el caso Vicentín en la Argentina. Esta fue la reacción de los dueños al enterarse en España

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En esos días, la reacción de una parte del pueblo Venezolano y de los empresarios del país fue totalmente contraria a la expropiación de la empresa, que en ese momento progresaba y generaba riqueza para el país.

Ante la reacción, el chavismo respondía que el gobierno no estaba en guerra con la empresa privada pero la expropiación se hizo. El argumento fue la SOBERANIA ALIMENTARIA.

No era la primera expropiación ni sería la última relacionada con la política de la “soberanía alimentaria”. Con el tiempo estas empresas expropiadas iban a languidecer lentamente para pasar a ser totalmente ineficientes, y en muy pocos años. Los empresarios fueron equiparados por el gobierno a los funcionarios públicos.

Decía el ministro de alimentación, Carlos Osorio “ todas las estructuras que participan en el sistema agroalimentario, de una u otra manera, todos los que allí trabajan, aun siendo una empresa privada, son funcionarios públicos y deben considerarse funcionarios públicos porque el trabajo que hacen es para servir a la población. Y así se fue captando todo.

Los medios nacionales e internacionales fueron destacando en sus títulos paulatinamente los hechos que fueron cambiando al sistema productivo del país para derrumbar la economía venezolana hasta los niveles de hoy. Estos títulos podés encontrarlos hoy en diferentes notas explorando la red.

“Venezuela, opciones frente a la expropiación” (y coincidentemente, “no había opciones”)

“Amplían poderes para expropiar en Venezuela”

“Venezuela, más expropiaciones petroleras”

4 años después de la expropiación  de Agroisleña ya se hablaba de la necesidad de una inversión de miles de millones de dólares para recuperar el potencial de la empresa, que ahora se llama AgroPatria.

La política de “soberanía alimentaria” en realidad fue una política de control de manejo de los alimentos, y el resultado en el mediano plazo fue el hambre y el desabastecimiento.

Antes de Agroisleña, se expropiaron millones de hectáreas de campos cultivables, pero la producción de alimentos bajó. Los pequeños y medianos productores no pudieron conseguir nunca más lo que necesitaban para sus chacras en Agropatria. Sólo lo pudieron hacer generalmente a precio “blue” de alguien que les vende a precio más caro y menos competitivo. No ganó la gente, ganó la especulación.

La Expropiación de Agroisleña fue muy elogiada por el entonces Vicepresidente Jaua “con esto garantizamos que el 51% de la producción sea recibido en la red de distribución social del estado y los productores tratados con justicia”

Cantó falta envido con un caballo y una sota… y El efecto fue el contrario. La producción cayó sistemáticamente y la importación de alimentos aumentó igual que la especulación.

La crisis alimentaria de Venezuela empezó con la expropiación de una empresa de  emprendedores canarios. Agroisleña se convirtió en AgroPATRIA, y no fue una solución, fue un nuevo problema.

agropatria

Ese 3 de octubre de 2010 fue el comienzo de la destrucción de la agroindustria venezolana.

En 1998 Venezuela se procuraba el 60% de las necesidades alimentarias con producción nacional. Diez años después apenas llega a producir el 25% de los alimentos que necesitan los venezolanos. Habían cantado vale 4 pero tenían un ancho falso.

AGROPATRIA, y la política de “soberanía alimentaria” no aseguraron la “soberanía alimentaria” de Venezuela. Aquél relato fue brutalmente desmentido por los hechos y por los padecimientos de los venezolanos. La verdad está en los hechos.

Y esto es lo que pasó y lo que pasa. Hoy faltan semillas para siembra, créditos, facilidades de comercialización, con los que los productores y la gente, al final no recibieron los beneficios de la “soberanía alimentaria” declamada, que en definitiva, quienes repiten esta expresión sin muchos fundamentos deberían explicar si entienden realmente  de lo que están hablando.

La escasez de alimentos aumentó y esto generó desnutrición y el aumento de la mortalidad infantil. La dictadura venezolana empezó con Chávez, la destrucción del campo en Venezuela empezó con Agroisleña.



Hoy los dueños de Vicentin en Argentina padecen una intervención ilegal, basada en un decreto que se apoya en una ley de la dictadura militar. Se enteraron “casualmente” por los medios. Se reunieron con el gobierno que lo único que hizo fue ratificar que la única salida es la expropiación. La policía Federal custodia a los interventores que hoy gestionan la dirección de la empresa

La empresa va a defenderse en tribunales, único lugar en donde deben tomarse las decisiones vinculadas a la situación de la empresa aunque al juez lo han pasado por arriba.

El directorio de Vicentín recibió a los interventores esta semana y en ese momento se labró un acta en la que la empresa RECHAZA LA INTERVENCIÓN Y TODOS SUS TÉRMINOS.

Este domingo 14 Vicentín publica una solicitada en la que cuestiona la decisión del gobierno nacional y anticipa que va a defender sus derechos. ( te copio la solicitada al final).

Piden reestablecer el estado de derecho…. Dicen que la intervención viola las garantías constitucionales, elude la independencia de poderes , y pone en jaque la confianza en las instituciones democráticas.

Piden que las autoridades competentes recapaciten para garantizar a quienes han invertido durante décadas en nuestro país que están amparados por la ley y no expuestos a decisiones arbitrarias.

Chavez en Venezuela decía las cosas con sinceridad brutal, (tenía la suma del poder público, y en términos del juego del truco, tenía todo el mazo en su poder).  Por su parte, Fernandez en la Argentina dice las cosas con amabilidad y sin usar palabras brutales.

A la expropiación le dice rescate y a la usurpación de una empresa sin base legal, la llama intervención. Me suena similar a aquél fiscal que llamó desahogo sexual a una violación. En este caso está por verse por verse si habiendo una causa judicial abierta será justicia.



Estimado Dr. Fabian Lorenzini, a Ud le hablo.

Ud. es el juez del Concurso de Acreedores. Ud. está a cargo del juzgado civil y comercial  Nro 2 de Reconquista. Hace casi dos años, cuando Ud. asumió como joven juez ni soñaba que hoy todas las miradas estarían sobre su escritorio. Ud. es un hombre de campo, y periodista, casualmente también. Comprometido con la realidad de su gente y SABE lo que significa Vicentin SAIC para su comunidad.

Tiene la oportunidad histórica de declarar de oficio la inconstitucionalidad de la medida del gobierno nacional. Ud. como juez, debe ser el guardián de nuestra constitución Nacional .

Hoy, la Argentina lo está mirando. Es Ud. el que tiene el poder de decidir. Es Ud. el que debe hacer prevalecer las garantías constitucionales por sobre la arbitrariedad.

Ud. rechazó un pedido del radical Barletta porque según su criterio, no tiene legitimación para plantear la inconstitucionalidad del DNU, pero USTED PUEDE analizar la cuestión de oficio, es su poder, es su deber.

ES USTED DR LORENZINI.  Atienda el teléfono…. Lo está llamando la REPUBLICA.

lorenzini

Juez Lorenzín

Leer la carta a la opinión publica escrita por los dueños de Vicentín

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El remedio democrático, ¿peor que la enfermedad?

Por Francisco Tomás González Cabañas

Sin que sea una cuestión gnoseológica, probablemente la filosofía política, sea el escudo protector, para sostener, argumentalmente, un estado de cosas, que bajo la petición de principios de la institucionalidad, nos remite obligadamente a posiciones dogmáticas, que las traza o sitúa como indiscutibles. O en el caso de que permita su discusión, las condiciona, o direcciona, imponiéndose los términos de la misma, o incluso las refutaciones que debemos usar como para confrontarla.

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democracia

Se deja en claro que la pretensión no es hacer ni discutir ciencia, a partir de la premisa de que la filosofía política, de un tiempo a esta parte, no viene discutiendo, nada o casi nada, que establezca consideraciones radicales que propongan un estado de cosas, (discutir la misma noción de estado dentro de ellas) que difiera, al menos, discursivamente, de una inercia en la que se podría decir que estamos sometidos, desde los primeros libros de consideraciones políticas tal como la conocemos. A diferencia, de lo que ocurre, por ejemplo, con otro campo, extenso de lo filosófico, como el ontológico, en donde las perspectivas, no sólo que han sido y son, de diversidades insondables, sino que además interpelan, a la confrontación de la experiencia metafísica, del cabo a rabo del fenómeno humano. Se entiende que podrán alegar, que esta consideración pueda ser catalogada de logomaquia o pecaminosa por insustancialidad académica, sin embargo, el registro de los hechos de nuestras democracias occidentales actuales nos impele a pensar, utilizando la filosofía política para ello, por más que como se considera, esto mismo sea un oxímoron.

Tanto el axioma, también conocido como relación de indeterminación, es aplicable a la física (al punto que es el punto de partida de la partición entre la clásica y la cuántica) como la frase, de poesía filosófica, que retoma una de las aporías filosóficas modernas, del Olvido del Ser, no dejan de ser analizables, coordinadas, como elementos que surcan nuestras cotidianidades occidentales.

Cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su cantidad de movimientos lineales y, por tanto, su masa y velocidad. Este principio fue enunciado por Werner Heisenberg en 1925 y es conocido como el principio de incertidumbre. Asimismo el contundente olvido del ser, pronunciado y profesado por el también Alemán, Heidegger, cuestiona en forma sustancial y elemental la propia historia de la metafísica, por no decir la historia misma.

No existiría base de sustentación alguna, por la cual podamos afirmar que pisamos sobre terreno firme, sin que en tal construcción de la superficie, establezcamos, parámetros, absolutistas y arbitrarios, para tal fin, que en definitiva, resulten mucho peores, en todo sentido, para la humanidad, que soportar, tolerar y asimilar que vivimos en la desesperación de lo que no tiene lógica o en el desmadre de la des contemplación de la orfandad más omnisciente.

Resulta de una extrañeza proverbial, sin embargo, que en el campo de las ciencias políticas, no entendamos que a nuestra institucionalidad democrática, también le cabe y corresponde las generales de la ley de su naturaleza incierta y que desde los Griegos a esta parte, hemos caído en un sustancial olvido de lo democrático, hemos suplantado su teleología conceptual, por resultados cosificados que nunca podrán ser traducidos como tales.

Sí este campo nos está vedado, o por las propias imposiciones del poder, está cerrado para poder pretender un análisis de lo político, que vaya más allá de la filosofía política, que no filosofa políticamente, iremos por el sendero de lo que clínicamente se considera normal o anormal en términos psicológicos, de forma tal de encontrar, en qué lugar del análisis estamos.

Estudios e investigaciones determinaron el siguiente test, para descubrir comportamiento psicopático:

“Una mujer está en el entierro de su madre junto a su hermana,  y de repente ve un apuesto señor apoyado en un árbol del cementerio mirándola fijamente. Está lloviendo y ella se acerca a él para refugiarse en su enorme paraguas negro. La mujer, sonrojada, lo mira intensamente… Durante los días siguientes lo sigue, lo busca, lo ve… y poco a poco se enamora locamente de él, pero nunca le dice nada. Un día, le pierde la pista. Lo busca sin éxito y pasan varios días sin volver a verlo. Un buen día la mujer mata a su hermana.”

La mujer mata a la hermana para volver a ver al hombre que la enamoró en el entierro de su viudo.

Tener una política o una representación de políticos psicopáticos, sería que cada dos años o cierto tiempo, sólo ejerzan un comportamiento democrático, para citarnos, solamente a votar, sin más.

“Es increíble cómo un pueblo, en cuanto está sometido, cae tan repentinamente en un profundo olvido de la libertad, tanto que no puede despertarse para recuperarla, sometiéndose tan fácil y voluntariamente, que se diría al verlo que no ha perdido su libertad, sino ganado su servidumbre. Es verdad que al comienzo se somete obligado y vencido por la fuerza; pero los que vienen después sirven sin disgusto y hacen voluntariamente lo que los anteriores habían hecho obligados. Por esto, los hombres bajo el yugo, alimentados y educados en la servidumbre,  se contentan con vivir como han nacido sin cuidarse de nada; y ni piensan en tener otro bien ni otro derecho que el que le fue dado, y toman por natural el estado de su nacimiento. (“Discurso de la Servidumbre voluntaria”. Étienne de la Boétie. Pp 38-39. Editorial Colihue).

 Sí los ciudadanos no somos capaces de despojarnos de la servidumbre voluntaria y continuar sometidos a políticos con comportamientos psicopáticos, no sólo hablaría de nuestra enfermedad social, sino también de nuestro propio incumplimiento con la Constitución, dado que dejaríamos nuestra condición de seres humanos.

La única herramienta válida, tanto legal como legítima para que exista la representación, es la manifestación de la voluntad del voto soberano, en el marco de elecciones libres que de tal forma constituyen la democracia expresada en su sentido lato.

Sí hablamos de legitimidad, no sólo debemos hacerlo, diferenciándose, de la legalidad, sino estableciendo una meridiana diferencia entre la legitimidad parcial versus la legitimidad absoluta, la primera que es la válida y la única razonablemente cierta que puede otorgar el ciudadano a sus mandantes y la segunda, la que cree tener el representado cuando absorbe la cesión de la ciudadanía, para luego cometer los latrocinios por todos conocidos, que supuestamente, controla o controlaría, estos excesos, otro poder de un estado constituido que sería el poder judicial, cuyos miembros no son elegidos, paradigmáticamente por el voto de la gente. Esta razón de la legitimidad parcial, podría encontrarse observada explícitamente, en que el ciudadano al delegar su representatividad, lo haga no sólo por el término de una elección a otra, sino también bajo ejes conceptuales, que vayan más allá de lo temporal. Un ejemplo concreto sería que los representantes, no puedan, es decir tengan su legitimidad parcial o vetada, para introducir reformas constitucionales o electorales. Los mismos que conducen el juego, no deberían, asimismo estar posibilitados para cambiar esas reglas a su antojo o discrecionalidad. Toda reforma debe ser ad referéndum, bajo consulta obligada a la ciudadanía, de lo contrario se irrumpirá la parcialidad natural que nos insta como seres humanos. Todo lo absoluto, así se trate de una falsa idea de libertad, conduce inevitablemente a lo totalitario.

La democracia sí ha caído producto de los desmanejos de cierta clase política en un juego maquinal, como lo puede ser una tragamonedas o cualquiera que estipule el azar como factor determinante, debe re-escribirse, re-interpretarse, de lo contrario, sostener que lo político, mediante lo democrático es un juego adictivo de cierta clase dirigente para con las mayorías no tiene razón de ser, pues así como alguien sostuvo que dios no pudo haber jugado a los dados con nosotros, no podemos seguir siendo siervos, de quienes, muy probablemente, hasta no puedan estar libre de afecciones que les nublen en buen entendimiento.

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La soberanía alimentaria nos mató de hambre

Por Luis Pico

La primera vez que oí mencionar la frase “soberanía alimentaria” era un niño de apenas ocho o nueve años. Entonces no tenía ni idea de qué quería decir Hugo Chávez —omnipresente en la televisión y la radio— ni cuál era su objetivo.

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Lo cierto es que antes de aquello no faltaba comida en casa: ni el café, orgullo por tratarse de los mejores del mundo, ni el pollo, ni el cerdo, ni leche, quesos, manteca u otros lácteos. A ellos se sumaban legumbres como frijoles y lentejas, junto a verduras y frutas tropicales como guayaba, maracuyá, sandía, papaya, melón, tamarindo, mandarina o ananá. ¿La carne? En cualquier carnicería o supermercado se la podía comprar, y era la excusa perfecta para juntarse un fin de semana para comer parrilla, eso que aquí llamamos asado. Todo se producía en Venezuela, que comía gracias a su tierra.

La excepción, desde luego, eran las peras y las manzanas, imposibles de cultivar en un clima tan caluroso. Y sin embargo abuelo, un inmigrante que huyó del hambre y la guerra en España, siempre tenía en casa y me daba alguna cuando lo visitaba.

“Aquí hay una revolución agraria, socialista. Y para eso está el gobierno: vamos a producir más alimento, para eso hay que tomar la tierras, con la Constitución en la mano, y ponerlas a producir”, prometió Chávez en 2010, en pleno apogeo de los precios del petróleo, cercanos a los 100 dólares cada barril.

agroisleña

¿Cuál fue su brillante iniciativa? Expropiar Agroisleña, una empresa fundada por migrantes españoles a mediados de la década de 1950, que comenzaron vendiendo semillas de cebollas y que a la llegada del chavismo al poder eran la principal productora de semillas del país, con sucursales en casi todos los estados (provincias) y convenios con miles de trabajadores del campo.

Ver Vídeo sobre expropiación a Agroisleña

“Ha llegado el momento para organizar un salto en la producción agroalinentaria en Venezuela, convertirla en una potencia. El ministerio de Alimentación es el responsable de la soberanía alimentaria”, insistía Chávez en 2011, cuando cambió el nombre de la empresa, que pasó de llamarse Agroisleña a Gran Misión AgroVenezuela, en un traspaso por el cual, por cierto, nunca se indemnizó a los propietarios españoles. De ahí, entre otros casos, a que se hiciera famosa la frase “expropiar es robar”.

A comer de la basura

Caminar por la calle con una barra de pan se volvió algo peligroso. Cuando llevas algo tan apetecible a simple vista para alguien que excava entre las bolsas de la basura para ver si logra llevarse algún resto a la boca, las tentaciones de un arrebato se vuelven considerablemente altas.

La primera vez puede parecerte extraño. Pero el tiempo, implacable, transforma tu asombro en rutina, de modo que lo que alguna vez ni siquiera se te había pasado por la cabeza, no te inmuta. No porque no te importe sino porque no puedes hacer nada, ya que tampoco sabes si la semana que viene o en un par de meses haces tu primera excursión entre lo que otro desechó.

—Te noto algo más flaco ¿Te sientes bien? ¿Todo en orden en casa?

—Ahí vamos, no estoy haciendo ejercicio, es solo la “dieta de Maduro”, hermano, lo que me tiene así.

—¿Cómo así? ¿A qué te refieres?

—Bueno, en casa hace rato que no probamos un bocado de carne. A punta de arepa, fideos y alguna sopa nos vamos aguantando. Pero eso del pollito en el almuerzo ahora es para la gente de real (guita), si hasta es un lujo comer arroz con huevo o lentejas, así estamos…

La conversación, que la tuve con varios familiares y amigos cercanos, pasó a ser, junto con la hiperinflación y los precios que se duplican y triplican literalmente con cada día que pasa, en el tema de sobremesa de la gente.

Abuelo, que pasó hambre durante la guerra, por suerte no revivió esas experiencias: murió en 2001, antes del desastre. Abuela, que vivió hasta 2016, solía decir que ni en España había visto semejantes desmanes, con todo y una guerra declarada.

Al mediodía, sentado con compañeros/amigos del trabajo, la vianda de cada uno era una fotografía de la heladera/alacena: suertudo quien tuviera un trozo de carne o pollo; afortunado el que comiera fideos con lentejas; desdichado el que tuviera puro arroz, que aunque algo le convidábamos, volvería a sentir hambre a la noche, y quién sabe si tendría con qué engañar al estómago para detenerle los crujidos.

—Y mira que uno todavía tiene algo, dentro de todo es afortunado, que más de uno de los que buscan en la basura son gente igual que uno, con casa y trabajo, pero sin plata para comprar, o sin ingenio para conseguir.

Y en eso tenía razón: carnicerías sin carne, panaderías sin pan, pescaderías en cifras ilegibles por la cantidad de ceros (10.00.000 el kilo).

—Son tan arrechos (bárbaros) que ahora todos somos millonarios: todo cuesta millones, es increíble —solíamos decir, medio en broma, medio en serio, entre la risa y el llanto, durante las charlas a media tarde en el diario, cuando nos dábamos “el lujo” de comprar café y azúcar entre todos para “consentirnos”.

E insisto: éramos dichosos en comparación con muchos, que percibían prohibitivo comprarse un maple de huevos o un kilo de papas para una o dos semanas. Si hasta el café y la arepa se hicieron atípicos —imagínense sin mate ni empanadas— en medio de lo que se supone era, según la televisión oficial, un paraíso terrenal, una potencia económica, un país sin hambre, con soberanía alimentaria pese a la “guerra económica” de Estados Unidos, Colombia, España, la poca prensa independiente, la oposición, los empresarios, o lo que es lo mismo: la burguesía rancia, en la que nos incluían pese a estar, perdonen la frase, cagándonos de hambre en un auténtico infierno.

“Argentina no es Venezuela”

vicentin¿Aludido? Con esto no pretendo acusar al presidente Alberto Fernández ni a su partido de hacer pasar hambre a los argentinos por la “intervención” de Vicentín. Ni quiero, tampoco, hacer un paralelismo entre Venezuela y la Argentina, cosa que me parecería harto odiosa. Solo quiero contar mi experiencia con la “soberanía alimentaria” y describir, por tanto, lo nefasta que me resultó. Y aprovecho, entonces, para preguntarme una vez más por qué el granero del mundo querría copiar un eslogan tan miserable. Y para advertir, eso sí, que allá no tomaron todo de un solo golpe sino que fueron poco a poco, hasta que un día, casi sin darte cuenta, notaste que era demasiado tarde, que los poderosos nunca pasaron hambre, pero que a esos a los que prometieron llenarles la panza solo les vaciaron el estómago, los hicieron bajar de peso, los convirtieron en zombis. Ojalá este no sea otro caso.

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“¡No puedo respirar!”: La verdad detrás del asesinato de George Floyd

Por Sebastián Re

El maltrato y el racismo sobre las minorías étnicas no es de hoy, pero lo que ocurrió a finales del mes pasado en los Estados Unidos es el desenlace de un cúmulo de acontecimientos que se estuvieron germinando en el seno de la sociedad estadounidense durante décadas.

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floyd

Un agente de la policía de Minneapolis, Estados Unidos, asesinó a finales del mes pasado, ante la mirada de todos los presentes, a George Floyd, un ciudadano afroamericano sometido y desarmado. El hecho fue grabado por los cientos de manifestantes que se habían dado cita en la protesta y observaban través de los lentes de la cámara cómo las fuerzas públicas del orden hacían uso y abuso de su autoridad.

Este evento generó y, aún hoy genera, el rechazo e indignación masiva de miles de ciudadanos estadounidenses y personalidades destacadas del arco político mundial que ven como en el país de la libertad y la defensa de los derechos individuales se ven sistemáticamente vulnerados los Derechos Humanos.

Pero, ¿qué se hizo para llegar a esta situación de extrema violencia? ¿Cuáles fueron los hechos que terminaron en este tan trágico descelance?

George Floyd era un ciudadano afroamericano que se había dado cita el pasado 25 de mayo a una tienda para comprar cigarrillos con un billete falso de 20 dólares. Al darse cuenta que el billete era falso, el encargado del local intenta recuperar la mercadería sin éxito, por lo que se ve obligado a llamar a las fuerzas públicas del orden. Poco después, los oficiales de policía llegan al lugar y observan a Floyd dentro de su automóvil con los cigarrillos y bajo los efectos del alcohol. Según sostuvieron los oficiales que acudieron al lugar, Floyd no quiso bajar.

 Lo que siguió es demoledor. Los policías esposaron a Floyd y lo sometieron en el suelo. Uno de ellos, Derek Chauvin, se inclinó y presionó, usando toda su fuerza, el cuello del hombre afroamericano con su rodilla. Floyd, claramente desesperado y al borde de la asfixia, sollozó por su madre, suplicó y dijo en repetidas ocasiones que no podía respirar. Seis minutos después, Floyd perdió el conocimiento. Pero ni así retiró Chauvin su rodilla del cuello del hombre inerte acostado en el pavimento. Chauvin siguió presionando su cuello durante casi tres minutos después de que el hombre había dejado de moverse.

El rechazo, la indignación y la violencia que se están dando en varias ciudades capitales de los Estados Unidos, a partir del caso de George Floyd no se explican si no se considera la notable violencia que sistemáticamente ejerce la policía en ese país contra su población afroamericana. El sesgo y el extremo racismo policiaco en aquel país están perfectamente documentados y en buena parte de los casos los policías implicados quedan impunes. Por increíble que parezca, a pesar de la evidencia, el policía que asfixió a Floyd en principio únicamente fue “removido” de su cargo. Fue solo después de las protestas que el hombre fue arrestado.

La magnitud de las protestas no se entiende si no se considera este contexto. Y es que el uso excesivo de violencia de las policías en Estados Unidos contra la comunidad afroamericana, incluidos los asesinatos a personas desarmadas, suele quedar impune.

Además, la repetida súplica de Floyd sobre su imposibilidad de respirar trajo de vuelta la memoria del caso de Eric Garner, un afroamericano asesinado por la policía de Nueva York en 2014 cuyas últimas palabras fueron justamente “no puedo respirar”. La frase se ha convertido en una metáfora de la forma en que la policía en aquel país asfixia con su comportamiento sesgado y racista a la población afroamericana.

Pero, a esto también hay que sumarle la forma en que las instituciones en general impiden a ese sector de la comunidad otras formas de respiración. Por ejemplo, la población afroamericana está subrrepresentada en las universidades y escuelas y en puestos directivos. Lo que es peor, desde 1980 no hay una tendencia positiva en ese sentido. Además, esta población tiene altos índices de marginación y pobreza, lo que hace que el Covid-19 le esté afectando desproporcionalmente. Es decir, Estados Unidos no ha podido o no ha querido cerrar esta brecha y saldar su deuda histórica con las personas negras. Es que, ser persona de color en Estados Unidos es sinónimo de exclusión y marginalidad. Un sector de la población en el que hace solo 50 años se le garantizó el voto y que en su mayoría, sigue siendo parte del eslabón más bajo de la jerarquía social. Un tercio de las familias afroamericanas aún siguen viviendo bajo la línea de la pobreza y la mitad de los afroamericanos que nacen pobres se mantendrán pobres a lo largo de su vida.

Hoy, por cada dólar que gana una familia blanca, una afroamericana percibe 49 centavos, diferencia salarial que se ha sostenido increíblemente rígida tras la abolición de la esclavitud hace poco más de 150 años y que ha venido acompañada de una persistente segregación racial, en donde los barrios en lo que habita un afroamericano promedio está compuesto en un 45% por población negra. Esto es llamativo, considerando que la población negra es un 13,6% del total en el país.

Desde una mirada hacía el futuro, mas allá de los números, el progreso en torno a la igualdad racial debe entenderse desde una mirada a largo plazo, tomando en consideración también las actitudes de las nuevas generaciones a lo largo del espectro político, racial y social.

Tal como aseguró Barack Obama siendo presidente: “Después de mi elección se hablaba de un Estados Unidos post-racial. Y tal visión nunca fue realista”, por lo que primero “los corazones deben cambiar y no van a cambiar de la noche a la mañana. A menudo, las actitudes sociales llevan generaciones para cambiar”.

De ahí que, políticas públicas y educación deben tomar las riendas para revertir el aumento de mitos, prejuicios y de grupos racistas.

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